Descubriendo la Ley General de la Naturaleza

El deseo de recibir es la materia de la creación, de su principio a su final.

Baal HaSulam, “Apertura de la sabiduría de la Cabalá,” Item 1

Cualquier cosa que queremos comprender, sentir o entusiasmarnos de ella, en algo, emotivamente, intelectualmente, o de cualquier otra manera – debemos estar con ella en la “misma onda”, en la misma cualidad. Para descubrir una onda de radio, por ejemplo, debemos crear dentro de un receptor de radio esa misma onda. Sólo entonces podremos captar la onda por fuera.

La fuerza general de la naturaleza es “deseo de dar”, otorgar – entregar abundancia. Sin embargo, nuestra naturaleza es “deseo de recibir placer y goce”, de- seo de gozar, para nosotros mismos únicamente. Nuestra naturaleza es egoísta. Así hemos sido creados, tal como nos lo revela la sabiduría de la Cabalá. Es decir, somos opuestos a la fuerza superior, contrarios a ella, y por eso no podemos sentirla. En absoluto.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Esto es, no podemos y no debemos destruir nuestra naturaleza, el “deseo de recibir”. Debemos seguir viviendo nuestras vidas de forma natural, y mientras tanto adquirir nuevos utensilios de captación adicionales.

Pero, ¿dónde puedo conseguir un aparato especial, que fuera de nuestra naturaleza original de – “recibir”, nos agregue también la nueva naturaleza de – “dar”? Aquí viene a auxiliarnos la sabiduría de la Cabalá. Ahora sólo recibimos, absorbemos, y si damos algo a alguien, es sólo después de haber calculado la conveniencia de hacerlo. Nuestra naturaleza no nos permite dar sin recibir algo a cambio, no nos provee de energía para realizar un acto que no nos recompensa. Dar 50 y recibir a cambio 100 – a esto si estamos dispuestos. Dar 80 y recibir a cambio 100, también estamos dispuestos. Pero dar 101 y recibir sólo 100 de regreso – imposible. Y esto no es solamente en cuestiones de dinero, por supuesto, o algún acto referente al prójimo, precisamente. Se refiere a cualquier movimiento, como lo explica Baal HaSulam:

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Es bien conocido por los sabios de la naturaleza que el hombre no hará ni el más mínimo movimiento sin fuerza motriz, es decir, sin beneficiarse a sí mismo en algo. Por ejemplo, cuando el hombre mueve su mano de la silla a la mesa es porque le parece que al colocar su mano sobre la mesa, disfrutará más. Y si no creyera esto, dejaría su mano sobre la silla durante todos sus setenta años de vida sin moverla de su sitio, ya que lo consideraría una gran molestia.

Baal HaSulam, artículo “La Paz”

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También aquellos que ayudan al prójimo más que otros, voluntariamente, en hospitales y sitios parecidos, lo hacen sólo porque al final de cuentas esto les provoca placer.

Baal HaSulam explica, que dentro de la humanidad existe siempre un quince por ciento de “altruistas de nacimiento”. Estas personas sienten al prójimo en una forma un tanto distinta que el resto, ellas sienten el dolor del prójimo como si fuera su propio dolor, y esta sensación los impulsa a intentar ayudar al prójimo. Está claro que también esta tendencia altruista, así como lo han comprobado estudios en el plano de la genética conductual, se apoya en una base egoísta que requiere corrección, pero está oculta a la vista. [1]

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«Toda la existencia de la persona no es más que recibir para sí misma, y por parte de la naturaleza de su creación no es capaz de hacer siquiera el mínimo acto a beneficio del prójimo. Sin embargo, para otorgarle al prójimo, debe esperar al fin de cuentas, conseguir de esta forma una recompensa fructífera.»

Baal HaSulam, “Artículo para la finalización del Zóhar”

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Para empezar a comprender cómo nos ayudará la sabiduría de la Cabalá a sentir la fuerza superior, observemos el ejemplo de un bebé que creció y se desarrolló. No hay proceso más natural que este, y por ello este ejemplo nos acompañará a lo largo de todo el libro.

Un niño nace, sale del vientre de su madre, y nosotros comenzamos a cuidarlo. Éste comienza a escuchar, a ver, a reaccionar. Aprende y evoluciona gracias a los ejemplos que nosotros le exponemos.

Si abandonáramos al niño en el bosque, este imitaría a los animales y crecería como un animal. Fuera de unos cuantos instintos y reflejos físicos que la naturaleza activa en nosotros, el resto llega del estudio.

¿Podremos, acaso, recibir este estudio sobre el sistema superior, el cual no sentimos? ¿Cómo podremos ahora ser como ese niño o incluso como una gota de semen, que desea nacer dentro de un nuevo atributo llamado “entrega”?

En otras palabras, de una gota de semen material se ha desarrollado un pequeño humano, un niño. Éste aprendió a través de ejemplos y se convirtió en un humano mayor. Y ahora, se revela en él una gota de semen espiritual llamada “punto en el corazón”. Se despierta en él un nuevo deseo de entender para qué vive, de llegar a lo que está más allá de la vida, conocer la fuerza que obra sobre él y lo activa. En el proceso de crecimiento material se desarrolló el ego y se perfeccionó su atributo de recepción para sí, mientras que en el proceso de crecimiento espiritual se desarrolla en nosotros el atributo de entrega.

Entonces, ¿qué nos falta para comenzar el proceso? Nos faltan ejemplos, nos faltan padres espirituales. Para ello es que se ha escrito el Libro del Zóhar. Como niños con sus ojos y boca ampliamente abiertos, que quieren probar y aprender todo lo de este mundo, así debemos nosotros referirnos al Libro del Zóhar, que nos provee de ejemplos sobre el atributo de entrega.

Cuanto más aprendamos a dar, así comenzaremos a asemejarnos a la fuerza general de la naturaleza, la fuerza del amor y la entrega. En el lenguaje de la Cabalá esto se llama “equivalencia de forma”. Este proceso sucede gradualmente. En la medida en la que nos asemejemos a la fuera general de la naturaleza, así estaremos más capacitados para sentirla.

 

Notas

[1] Cambios en la secuencia de ciertos genes influye en la capacidad del individuo de ser bondadoso con los demás – según el estudio del Profesor Richard Ebstein y el equipo de investigación en el campo de genética conductual. Ellos asumen que hay compensación inmediata en el comportamiento altruista – la persona que beneficia a su prójimo se compensa a sí misma liberando en su cerebro la materia química, dopamina, que le provoca buena sensación.
M. R. Bachner, I. Gritsenko, L. Nemanov, A. H. Zóhar, C. Dina & R. P. Ebstein,“Dopaminergic Polymorphisms As- sociated with Self-Report Measures of Human Altruism: A Fresh Phenotype for the Dopamine D4 Receptor”, Molecular Psychiatry 10(4), April 2005, pp. 333—335

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