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Hazte un Rav y cómprate un amigo (2)

Hazte de un Rav y cómprate un amigo (2) 

Artículo Nº 8, 1984-85

Tomando en consideración lo que discutimos en el Artículo Nº 1 (1984- 5), debemos hacer ciertos discernimientos.

Debemos distinguir entre

a) la persona y el Creador,

b) la persona y su amigo,

c) la persona y el resto de la gente, quienes no son sus amigos, aunque existe un dicho: «Todos en Israel son amigos».

En cierto momento, encontramos que las palabras: «Hazte de un Rav (maestro) y cómprate un amigo», son el camino de la corrección. Y en otro momento, esto se encuentra en las palabras: «Y juzga a cada persona según una balanza de méritos (favorablemente)» (Avot, Cap. 1). Debemos entender la diferencia entre «hacer» y «comprar», y el significado de juzgar favorablemente. Deberíamos interpretar «hacer» como llegar a excluir a la razón. Esto es porque cuando la razón no puede entender si algo es digno de hacerse o no, ¿cómo puede determinar lo que es bueno para mí? O viceversa, si la razón los considera iguales, ¿quién determinará lo que la persona debe hacer? Así, el acto puede definir. Deberíamos saber que existen dos caminos ante nosotros: trabajar con el fin de otorgar, o trabajar con el fin de recibir. Existen partes en el cuerpo del hombre que le dicen: Tendrás mayor éxito en la vida si trabajas con el fin de otorgar, y de esta forma disfrutarás de la vida». Este es el argumento de la inclinación al bien, como nuestros sabios dijeron: «Si lo haces así, serás feliz en este mundo y feliz en el mundo por venir».

Y el argumento de la inclinación al mal es opuesto: «Es mejor trabajar con el fin de recibir». En este estado, sólo la fuerza llamada: «acción que está por encima de la razón» es la fuerza determinante, y no el intelecto o la emoción. Por eso «hacer» se llama: «por encima de la razón» y «por encima del sentido común»; y esta fuerza es llamada «fe que está contra el intelecto». «Comprar» está dentro de la razón. Normalmente, la gente desea ver lo que quiere comprar; entonces el comerciante le muestra las mercancías y negocian si el precio que el comerciante le pide es o no conveniente. Si la gente piensa que no lo es, no compra. De ese modo, «comprar» está dentro de la razón. Ahora explicaremos el asunto del «Rav» y el asunto del «amigo». Un amigo se llama, algunas veces, «grupo» cuando la gente se reúne y desea unirse. Esto puede suceder a través de la equivalencia de forma, preocupándose cada uno del amor al prójimo. Por eso, se unen y se vuelven uno.

Por tanto, cuando se establece una asociación para ser un sólo grupo, vemos que la gente que considera crear tal grupo, normalmente busca a personas que sean parecidas en sus puntos de vista y atributos, a quienes puedan ver como más o menos iguales. De otra manera, no los aceptarán en el grupo que desean establecer. Y después de eso, comienza el trabajo de amor a los amigos. Pero si no tienen equivalencia con las metas del grupo desde el principio, incluso antes de que hayan entrado al grupo, no se puede esperar que salga algo de aquella vinculación. Sólo si había igualdad aparente entre ellos antes de que entraran en el grupo, se puede decir que pueden comenzar a esforzarse en el trabajo del amor al prójimo.

Entre el hombre y el Creador  

Entre el hombre y el Creador el orden comienza con: «Hazte de un Rav«, y después: «cómprate un amigo». En otras palabras, primero, uno debe creer, por encima de la razón, que el Creador es grande; como está escrito en El Zóhar (Comentario Sulam, pág. 185, Punto 191): «El temor principal es, que el hombre debe temer a su Señor porque Él es grande (Rav) y gobernante». Hasta el punto en que uno crea en la grandeza del Creador, quien es llamado Rav («Grande»), se tiene la fuerza de dar para «comprar», es decir, comprar a través de dar concesiones sobre su amor propio, con el objetivo de alcanzar equivalencia de forma, lo que es llamado Adhesión con el Creador. Y esto es llamado un Javer (amigo): uno que está en Jibur (una conexión) con el Creador. Cuando compramos cosas materiales, debemos ceder dinero, honor, o simplemente hacer un esfuerzo para obtenerlas. De manera similar, cuando una persona desea adquirir lazos con el Creador, debe deshacerse de su amor propio; porque de otra manera no puede alcanzar la equivalencia de forma. Cuando la persona ve que es incapaz de hacer concesiones, para comprar la equivalencia de forma, no es porque nació con un carácter débil y que por eso no puede superar su amor propio. Por el contrario, la falla está en «Hacerse de un Rav«, es decir, no estar trabajando en la cuestión de la fe, pues en la medida de la importancia de su fe en la grandeza del Creador, en esa medida lo será su poder para hacer concesiones. Además, la persona debe saber que si desea medir su nivel de fe, puede verlo en el grado de concesiones que pueda hacer en el amor propio, y así sabrá el grado que tiene en el trabajo de fe por encima de la razón. Esto se puede aplicar entre el hombre y el Creador.

Entre el hombre y su amigo  

Entre el hombre y su amigo debemos empezar con «Cómprate un amigo» y después «Hazte de un Rav«. Esto es así porque, cuando una persona busca a un amigo, debe examinarle primero para ver si realmente vale la pena unirse a él. Después de todo, vemos que se ha establecido una plegaria especial acerca de un amigo, la cual pronunciamos, después de las bendiciones en el rezo «Hágase Tú voluntad»: «Te ruego…aléjanos de una mala persona y de un mal amigo». Significa que antes de aceptar para sí un amigo, se le debe examinar en cada forma posible. En ese momento, uno debe usar su razón. Por eso no se dijo: «Hazte de un amigo», ya que «hacer» implica ir por encima de la razón. Por lo tanto, en lo concerniente a un hombre y su amigo, debe ir con su razón y analizar, tanto como pueda, si su amigo está bien, como rezamos cada día: «aléjanos de una mala persona y de un mal amigo». Y cuando ve que vale la pena unirse a ese amigo, debe pagar con el fin de unirse a él, es decir, hacer concesión en su amor propio y, a cambio, recibir la fuerza del amor a los demás. Y entonces, puede esperar ser recompensado también con el amor al Creador.

Después de haberse unido a un grupo de personas, que deseen alcanzar el grado de amor del Creador y desee tomar de ellos la fuerza para trabajar, con el fin de otorgar y conmoverse por sus palabras sobre la necesidad de obtener el amor del Creador, él debe considerar a cada uno de los amigos en el grupo como más grandes que él mismo. Como está escrito en el libro Matan Torá (La Entrega de la Torá, pág. 143), que uno no es impresionado por el grupo como para apreciarlos en algo, a menos que considere al grupo como más grande que él. Esta es la razón del porqué cada uno debe sentir que es el más pequeño de todo el grupo; pues aquel que es más grande no recibe de aquel que es más pequeño, y mucho menos puede ser impresionado por sus palabras. Al contrario, sólo el más pequeño es quien se impresiona a través del reconocimiento del más grande.

Resulta que en el segundo paso, cuando cada uno debe aprender de los demás, está la cuestión de «Hazte de un Rav«. Esto es porque para ser capaz de decir que su amigo es más grande que él mismo, debe usar el «hacer», que es acción sin la razón; pues sólo por encima de la razón puede ver que su amigo se encuentra en un grado más alto que él mismo. Por tanto, entre un hombre y su amigo, el orden es comenzar con «Cómprate un amigo» y después «Hazte de un Rav«.

Entre una persona y las demás personas  

La Mishná nos dice: «Hazte de un Rav, cómprate un amigo, y juzga a cada persona favorablemente» (Avot, Cap. 1) Hemos explicado que entre un hombre y su amigo, el orden es que primero uno vaya y se compre un amigo –y explicamos que comprar es con la razón– y después, se debe comprometer en «Hacerse de un Rav«. Y entre al hombre y el Creador, el orden es primero «Hacerse de un Rav» y después «comprarse un amigo». Deberíamos entender el significado de decir: «Juzga favorablemente», en lo que se refiere a cada persona. ¿Esto es «comprar» o «hacer»? Según lo anterior, debemos interpretar el significado de: «Y juzga a cada persona favorablemente» como «hacer» y no como «comprar».

Por ejemplo, asumamos que hay muchas personas en la congregación, y que una pequeña cantidad de entre ellos decide, que desean unirse en un grupo que se comprometa en el amor a los amigos. Y digamos que, por ejemplo, hay 100 hombres en la congregación, y diez de ellos deciden unirse. Deberíamos examinar el por qué estos 10 individuos específicos decidieron unirse entre ellos, y no con otros en la congregación. ¿Esto es porque hallaron que esas personas son más virtuosas que el resto de las personas de la congregación, o porque ellos son peores que los otros y sienten que deben emprender alguna acción, para ascender en la escalera de la Torá y el temor? Según lo mencionado anteriormente, podemos interpretar que la razón por la que estas personas accedieron a unirse en un grupo particular, que se ocupe en el amor a los amigos, es que cada uno de ellos siente que tiene un deseo de poder unir todos sus puntos de vista, para recibir la fuerza del amor a los otros.

Existe una máxima famosa de nuestros sabios: «Así como sus rostros difieren, sus puntos de vista también difieren». Así pues, aquellos quienes acordaron entre ellos unirse en un grupo, entendieron que no hay gran distancia entre ellos, en el sentido de que entienden la necesidad de trabajar en el amor al prójimo. Por tanto, cada uno de ellos será capaz de hacer concesiones a favor de los demás, y pueden unirse alrededor de eso. Pero el resto de la gente no tiene la comprensión de la necesidad de trabajar en el amor al prójimo, por eso es que no pueden unirse con ellos.

De esto resulta que, cuando se comprometen en la unidad del amor a los amigos, cada uno examina al otro, tanto su mente como sus atributos, para ver si reúne los requisitos o si es digno de unirse al grupo al cual decidieron permitirle ingresar. Es como cuando rezamos: «aléjanos de una mala persona y de un mal amigo», dentro de la razón. Resulta que él mismo se enorgullece por encima del resto de la gente de la congregación. ¿Cómo se permite esto? Después de todo, esto va en contra de una ley explícita que dice: «Rabí Levitas, hombre de Yavne, diría: «Sé muy, muy humilde» (Avot, Cap. 4).

Rabí Yehoshua Ben Perajia dice sobre esto: «Juzga a cada persona favorablemente» (Avot, capítulo 1) es decir, que con respecto al resto de la gente, él debería ir por encima la razón, lo cual es llamado «hacer», es decir, actuar y no razonar. Esto es así, porque su razón le muestra que ellos no son tan apropiados como la gente a quien él mismo se asoció, y esto es lo que cada uno se dice a sí mismo. Así, cada uno se enorgullece de sí mismo por encima de los demás. El consejo para esto es lo que él dice: «Y juzga a cada persona favorablemente».

Significa que, con respecto a cada persona, es decir, con respecto al resto de la gente en esa congregación, debería juzgarlos favorablemente y decir que realmente son personas más importantes que él mismo, y es culpa suya el que no pueda apreciar la grandeza e importancia de todos en general, quienes son llamados por nuestros sabios: «Cada persona». Así, dentro de su razón, él no ve la grandeza de los demás, y podemos decir que entre un hombre y si amigo debería haber «compra»; pero, en este caso, se debe usar el «hacer», lo cual es por encima de la razón. Y a esto se le llama: «Juzga a cada persona favorablemente».

Hazte de un Rav y cómprate un amigo (1)

Hazte de un Rav y cómprate un amigo (1) 

Artículo Nº 1, 1984-85

En la Mishná (Avot, 1), Yehoshua Ben Perajia dice: «Hazte de un Rav (grande/maestro), cómprate un amigo, y juzga a cada persona según una balanza de méritos (favorablemente)». Vemos que aquí hay tres cosas:

1) Hazte de un Rav.

2) Cómprate un amigo.

3) Juzga a cada persona favorablemente.

Significa que además de hacerse de un Rav, hay algo más que debe hacer en relación con el público en general. En otras palabras, comprometerse en el amor a los amigos no es suficiente. Además, debe ser considerado con toda persona y juzgarla favorablemente. Debemos entender la diferencia entre el léxico de «hacer», «comprar», y «favorablemente». Hacer es una cosa práctica. Significa que no hay implicación de la mente, sino sólo acción. En otras palabras, incluso si uno no está de acuerdo con lo que desea hacer, sino al contrario, la mente le hace ver que no vale la pena: esto se llama hacer, es decir, la fuerza pura, sin inteligencia, ya que está en contra de su razón.

En consecuencia, debemos interpretar en relación al trabajo, que el hecho de que uno tiene que asumir el yugo del Reino de los Cielos se llama «un acto». Es como poner el yugo a un buey, para que pueda arar la tierra. Aunque el buey no desea encargarse de ese trabajo, no obstante le obligamos a la fuerza. Del mismo modo, con el Reino de los Cielos también deberíamos obligarnos y esclavizarnos a nosotros mismos porque son los preceptos del Creador, sin más. Esto es así porque el hombre debe aceptar el Reino de los Cielos, no porque el cuerpo sienta que le pueda llegar algún tipo de beneficio en consecuencia, sino a fin de dar satisfacción al Creador.

Pero, ¿cómo puede el cuerpo estar de acuerdo con eso? Esta es la razón por la cual el trabajo debe realizarse por encima de la razón. Esto se llama Hazte de un Rav, ya que el Reino de los Cielos, debe cumplirse porque «Él es grande y gobernante». Está escrito en El Zóhar (Introducción al Libro del Zóhar hoja 185): «El temor es lo más importante, el temor reverencial del hombre a Lo Superior, porque Él es grande y gobernante, la esencia y la raíz de todos los mundos, y todos son intrascendentes comparados con Él. Por lo tanto, hay que temer al Creador, porque Él es grande y gobierna sobre todo. Él es grande, porque es la raíz a partir de la cual todos los mundos se extienden, y Su grandeza se ve por Sus acciones. Y Él gobierna sobre todo porque todos los mundos que Él creó, tanto los superiores como los inferiores, son considerados como apenas nada en comparación con Él, ya que no aportan nada a Su esencia».

Por lo tanto, el orden de trabajo es empezar por «hacerse de un Rav«, y tomar sobre sí mismo la carga del Reino de los Cielos por encima del sentido común y de la razón. Esto es lo que se llama «hacer», refiriéndose sólo a la acción, a pesar de la desaprobación del cuerpo. Después, «Cómprate un amigo». Comprar es igual, a cuando una persona desea comprar algo –debe dejar algo que ya ha adquirido. Da lo que ha obtenido hace algún tiempo y, a cambio, adquiere un objeto nuevo. Con el trabajo al Creador es igual. Para lograr Adhesión al Creador, como en «Así como Él es misericordioso, sé tú también misericordioso», debe ceder muchas de las cosas que tiene, para adquirir la unión con el Creador. Este es el significado de «Cómprate un amigo». Antes de que una persona se haga de un Rav, es decir, el Reino de los Cielos, ¿cómo puede comprarse un amigo, o sea, el vínculo con el Rav? Después de todo, aun no tiene un Rav. Sólo después de haberse hecho de un Rav, tiene sentido pedir al cuerpo que haga concesiones, para así comprar el vínculo con el que desea satisfacer al Creador.

Por otra parte, debemos entender que tiene la fuerza para observar «cómprate un amigo» en la misma medida, de la grandeza del Rav. Esto es así porque él está dispuesto a hacer concesiones con el fin de vincularse al Rav, en la misma medida en que siente la importancia del Rav, ya que entiende que la obtención de Adhesión al Creador merece cualquier esfuerzo. Pues resulta que si uno ve que no puede vencer al cuerpo, porque piensa que no es lo bastante fuerte, que nació con un carácter débil, no es así. La razón es que no siente la grandeza del Rav. En otras palabras, aun no tiene la importancia del Reino de los Cielos, por lo que no tiene fuerzas para superarse, en algo sin importancia. Pero, con algo que sí le importa, cualquier cuerpo puede hacer concesiones de las cosas importantes que ama, para recibir lo que desea. Por ejemplo, si una persona está muy cansada y se va a dormir alrededor de las 11 pm y se despierta a las 3 am, por supuesto, dirá que no tiene energía para levantarse a estudiar porque está muy cansada. Y si se siente un poco débil o tiene un poco de fiebre, el cuerpo sin duda no tendrá fuerzas para levantarse a la hora a la que está acostumbrado a hacerlo.

Pero si una persona que está muy cansada, se siente enferma, se va a dormir a medianoche, pero se despierta a la 1 am y le dicen: «Hay fuego en el jardín, y está a punto de llegar a tu habitación. Rápido, levántate y salvarás tu vida a cambio del esfuerzo que estás haciendo», no pondrá ninguna excusa por el hecho que está cansado, atolondrado o enfermo. Es más, incluso si está muy enfermo, hará todo lo posible por salvar su vida. Evidentemente, como obtendrá algo importante, el cuerpo tiene la energía para hacer todo lo posible para conseguir lo que quiere. Por lo tanto, mientras trabaja en «Hacerse de un Rav«, y cree que es «Porque es nuestra vida y la extensión de nuestros días», en la medida en que siente que se trata de su vida, el cuerpo tiene la fuerza suficiente para superar todos los obstáculos. Por esta razón, en todas las obras de la persona, en el estudio o en la plegaria, debe concentrar todo su trabajo en la obtención de la grandeza y de la importancia del Rav. Debe dedicar mucho trabajo y muchas oraciones sólo a eso. En palabras de El Zóhar, esto se llama «Elevar la Divinidad desde el polvo», lo que significa elevar el Reino de los Cielos, el cual está humillado en el polvo. En otras palabras, uno no pone una cosa importante en el suelo y lo que no es importante se tira al suelo. Y como el Reino de los Cielos, llamado «Divinidad», «Se humilla hasta lo más bajo», por eso se dice en los libros que antes de cada acción espiritual, hay que rezar para «elevar la Divinidad desde el polvo», es decir, rogar que podamos ver el Reino de los Cielos como algo importante y que valga la pena esforzarse por él y elevarlo a su grandeza.

Ahora podemos entender lo que decimos en oración de la víspera de Rosh HaShaná (Año Nuevo): «Da gloria a Tu pueblo». Esto parece bastante desconcertante. ¿Cómo se autoriza a orar por el honor? Nuestros sabios dijeron: «Sé muy, muy humilde», así que ¿cómo podemos rezar para que el Creador nos otorgue gloria? Debemos interpretar que oramos, para que el Creador otorgue la gloria de Dios a Tu pueblo. No tenemos la gloria de Dios, sino que «La ciudad de Dios se humilla hasta lo más bajo», llamada «Divinidad en el polvo». Además, no apreciamos la verdadera importancia en la cuestión de «Hazte de un Rav«. Por lo tanto, en Rosh HaShaná, el cual es el momento en que tomamos la responsabilidad del Reino de los Cielos, le pedimos al Creador, dar la gloria de Dios a Tu pueblo, para que el pueblo de Israel sienta la gloria del Creador. Y entonces seremos capaces de mantener la Torá y las Mitzvot en su totalidad.

Por lo tanto, debemos decir: «Da la gloria de Dios a Tu pueblo», lo que significa que Él dará la gloria de Dios al pueblo de Israel. Esto no quiere decir que Él dará la gloria de Israel al pueblo de Israel, sino que el Creador le dará la gloria de Dios al pueblo de Israel, porque esto es todo lo que necesitamos para sentir la importancia y la grandeza de la Adhesión con el Creador. Si apreciamos su importancia, cada persona será capaz de esforzarse y no habrá nadie en el mundo, que diga que no tiene fuerzas para salvar su vida, y que quiere seguir siendo una bestia, si siente que la vida es algo muy importante, porque puede disfrutar de la vida. Pero si una persona no siente que la vida tiene un sentido, muchas personas eligen morir. Esto es así porque nadie está capacitado para experimentar el sufrimiento en su vida, porque esto está en contra del propósito de la creación. Puesto que el objetivo de la creación fue hacer el bien a Sus creaciones, lo que significa que disfruten de la vida. Por lo tanto, cuando la persona ve que no puede ser feliz ahora o, al menos, más tarde, se suicida, porque no posee la meta de la vida.

De ello se deduce que lo único que nos falta es «Hazte de un Rav«, para sentir la grandeza del Creador. Entonces, todo el mundo será capaz de alcanzar la meta, que es la adhesión con Él.

Y también debemos interpretar las palabras del Rabí Yehoshua Ben Perajia que dice tres cosas:

1) Hazte de un Rav.

2) Cómprate un amigo.

3) Juzga a cada persona favorablemente, respecto al amor de los amigos.

Es lógico pensar, que la amistad se refiere a dos personas con el mismo nivel de habilidades y cualidades, ya que entonces les resulta fácil comunicarse y se unen como una sola persona. Y luego, «Cada uno ayudará a su amigo», como dos personas que crean una sociedad y cada uno invierte la misma energía, recursos y trabajo. Entonces, los beneficios también se dividen por igual entre ellos. Sin embargo, si uno es superior al otro, es decir, si invierte más dinero o más experiencia o más energía que el otro, la división de los beneficios también es desigual. Esto se llama «una sociedad a un tercio» o «una sociedad a un cuarto». Por lo tanto, no se considera una verdadera alianza, porque uno tiene un estatus más elevado que el otro.

Resulta que la amistad verdadera − es cuando cada uno hace el pago necesario para comprar a su amigo, y es, precisamente, cuando ambos poseen el mismo estatus, y entonces ambos pagan por igual. Es como un negocio material, donde ambos dan todo por igual, o no puede haber una verdadera sociedad. Por lo tanto, «Cómprate un amigo», ya no puede haber unión −cuando cada uno compra su amigo− salvo cuando son iguales.

Pero, por otro lado, es imposible aprender el uno del otro, si la persona no ve que su amigo es más grande que él. Pero si el otro es más grande, no puede ser su amigo, sino su Rav, y a la persona se le considera como un estudiante. En ese momento, la persona puede aprender conocimientos o virtudes del otro.

Por eso se dice: «Hazte de un Rav y cómprate un amigo«, ambos deben existir. En otras palabras, cada persona debe considerar al otro como un amigo, y entonces hay lugar para comprar. Significa que cada uno debe pagar con concesiones al otro como un padre concede su descanso, trabaja para su hijo, y dedica dinero a su hijo, y todo por amor.  Sin embargo, aquí se trata del amor natural. El Creador dio el amor natural para criar a los hijos para que hubiera perpetuidad en el mundo. Si, por ejemplo, el padre criara a los hijos porque es una Mitzvá, sus hijos tendrían alimento, ropa y otras cosas necesarias para los niños, en la medida en que una persona se compromete a observar todas las Mitzvot. Algunas veces observaría las Mitzvot y otras veces sólo haría lo mínimo, por lo que sus hijos podrían morir de hambre.

Por ello el Creador dio a los padres el amor natural a sus hijos, para que pudiera perpetuarse el mundo. Esto no es así con el amor a los amigos. Aquí todo el mundo debe hacer un gran esfuerzo por sí mismo, para crear el amor a los amigos en su corazón. Lo mismo sucede con «Y cómprate un amigo». Una vez que comprenda, al menos intelectualmente, que necesita ayuda y que no puede hacer el trabajo sagrado, si entiende que necesita ayuda, en la medida en que lo entiende en su mente, comienza a comprar, a hacer concesiones por el bien de su amigo.

Esto es así porque entiende que el trabajo consiste principalmente en otorgar al Creador. Sin embargo, está en contra de su naturaleza porque el hombre ha nacido con el deseo de recibir sólo para su propio beneficio. Por lo tanto, se nos dio la cura de cómo salir del amor propio hacia el amor a los demás, y mediante este, poder llegar al amor al Creador.

Por lo tanto, la persona puede encontrar a un amigo a su nivel. Pero después, hacer del amigo un Rav, lo que significa sentir que su amigo está en un grado más alto que él, es algo que uno no puede ver, que su amigo es como un Rav y él es como un estudiante. Pero si él no considera a su amigo como un Rav, ¿cómo va a aprender de él? A esto se le llama «Hacer«, es decir, una acción sin razonamiento. En otras palabras, debe aceptar, por encima de la razón, que su amigo es más grande que él, y a esto se le llama «Hacer», es decir, actuar por encima de la razón.

En el ensayo, Entrega de la Torá (Hoja 142) está escrito: «Para recibir la primera condición, cada estudiante debe sentirse como el más pequeño entre todos los amigos. En ese estado, uno puede apreciar la grandeza del superior». Así, está afirmando explícitamente que todos deben verse a sí mismos como al más pequeño entre los estudiantes. Y, sin embargo, ¿cómo puede la persona verse como la más pequeña de los estudiantes? Aquí sólo viene al caso por encima de la razón. A esto se le llama «Hazte de un Rav«, lo que significa que a cada uno de ellos lo considera un Rav en comparación consigo misma, y a sí misma se considera una simple estudiante. Esto es un gran esfuerzo, ya que existe una regla en la que «las deficiencias de los demás son siempre visibles mientras los defectos propios siempre están ocultos». Y, sin embargo, debe considerar al otro como un ser virtuoso, y que merece la pena aceptar lo que dice o lo que hace, y aprender de las acciones del otro.

Pero el cuerpo no está de acuerdo con esto, porque cada vez que uno debe aprender de otro, significa que si se tiene en alta estima al otro, el otro le compromete a esforzarse, y el cuerpo revoca las opiniones y acciones del otro. Como el cuerpo quiere descansar, es mejor y más conveniente para él descartar las opiniones y acciones de su amigo, para no tener que hacer ningún esfuerzo.

Por eso se le llama «Hazte de un Rav«. Significa que, para que el amigo sea su Rav, tú tienes que hacerlo. En otras palabras, no es mediante la razón, puesto que la razón afirma lo contrario, y a veces incluso le muestra todo lo contrario, que él puede ser el Rav y el otro su estudiante. Por eso se llama «Hacer», es decir, hacer y no razonar.

3) «Y juzga a cada persona favorablemente».

Después de decir: «Cómprate un amigo», nos queda la pregunta: «¿Qué pasa con el resto de la gente?» Por ejemplo, si una persona elige a unos pocos amigos de su congregación y deja a los demás y no se relaciona con ellos, la pregunta es: «¿Cómo debería tratarles?» Después de todo, no son sus amigos, ¿y por qué no les eligió? Probablemente podríamos decir que no encontró virtudes en ellos, dignas de dedicar su tiempo en relacionarse con ellos, es decir, que no les aprecia. Por lo tanto, ¿cómo debe tratar al resto de la gente de su congregación? Y lo mismo se aplica para el resto de personas que no forman parte de la congregación, ¿cómo debe tratarles? Rabí Yehoshua Ben Perajia dice al respecto: «Y juzga a cada persona favorablemente», es decir, hay que juzgar a cada uno favorablemente. Significa que el hecho de que no les encuentre cualidades no es culpa de ellos. Por el contrario, no está en sus manos el poder ver las cualidades del público en general. Por esta razón, ve según las cualidades de su propia alma. Esto será exacto de acuerdo a su alcance, pero no de acuerdo a la verdad. En otras palabras, existe tal cosa como la verdad en sí misma, independientemente de aquel que la alcanza. O sea que existe la verdad que cada uno percibe dependiendo de su propio alcance, es decir, que la verdad cambia según quien la alcance. O sea, que está sujeta a cambios según los estados cambiantes de quien alcanza.Pero en realidad la verdad no cambió en su esencia. Por eso, cada persona puede alcanzar lo mismo de manera diferente. Por lo tanto, a los ojos del público, puede que el público esté bien, pero él ve de manera diferente según su propia cualidad. Por eso, dice: «Y juzga a cada persona favorablemente», lo que significa que debe juzgar a todos los demás, exceptuando a sus amigos, favorablemente. Es decir, que todos son dignos dentro de su propio valor y que no tiene ninguna queja en cuanto a su comportamiento. Pero a nivel de su propio valor, o sea, con el fin de poder aprender algo de ellos, y no por no tener ninguna equivalencia de forma con ellos».

Poderosa roca de mi salvación

Artículo Nº 13, 1984-85

En la canción de Januká decimos: «Poderosa roca de mi salvación, alabarte es un deleite; restaura mi casa de rezo, y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento». La canción comienza con palabras de alabanza: «Alabarte es un deleite», y luego comienza con palabras de rezo: «Restaura mi casa de rezo». Después, vuelve a palabras de agradecimiento y alabanza: «Y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento».

Por lo tanto, hay tres asuntos aquí, en un orden parecido al del rezo:

1) Los tres primeros de los Dieciocho (Tfilat Shmoné Esré es una secuencia de rezos) son de alabanza y agradecimiento.

2) Los tres de en medio son súplicas.

3) Los tres últimos son de alabanza y agradecimiento nuevamente.

Así, empezamos con el presente, como dice: «Alabarte es un deleite», lo que significa que Te agradecemos y alabamos por el bien que hemos recibido de Ti. Es como nuestros sabios dijeron: «Uno debe siempre alabar al Creador y luego rezar» (Brajot [Bendiciones], 32).

La razón es que aquel que cree que el Creador es misericordioso y clemente, y que Él desea hacer el bien a Sus creaciones, tiene lugar para el rezo. Esa es la razón por la que primero debemos establecer la alabanza al Creador, es decir, que la propia persona debe establecer la alabanza del Creador. Eso no significa que el Creador debe ver que la persona está alabándolo, ya que el Creador no necesita de los creados. Más bien, la propia persona debe ver la alabanza al Creador, y luego puede pedir que le ayude, pues Su comportamiento es hacer el bien a Sus creaciones.

Así pues, después de decir: «Alabarte es un deleite» llega el rezo y decimos: «Restaura mi casa de rezo». Y, ¿qué es «Mi casa de rezo»? Significa, tal como está escrito: «Incluso a ellos les llevaré a Mi montaña sagrada, y les alegraré en Mi casa de rezo». En «Mi montaña sagrada». Har (montaña) se deriva de la palabra Hirhurim (pensamientos/contemplaciones), lo que significa que Él les traerá pensamientos de Kdushá (santidad), es decir, que todos sus pensamientos serán sólo de Kdushá. «Y les alegraré en Mi casa de rezo» es el corazón del hombre, para que haya allí un lugar para la presencia Divina. La Divinidad es llamada «rezo», como es sabido que Maljut es llamada «rezo», tal como está escrito: «y yo soy todo rezo». Después de «Restaura mi casa de rezo» viene «Y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento». De ahí se deduce que primero hay una alabanza, luego hay oración, y después alabanza nuevamente, como el orden del rezo, que concluye con alabanza y agradecimiento.

Pero, ¿qué puede hacer la persona, si quiere empezar con alabanza pero su corazón está cerrado, y siente que está lleno de defectos y no puede abrir su boca y cantar y alabar? El consejo es ir por encima de la razón y decir que todo es «Jasadim encubiertas». En otras palabras, debe decir que todo es Jésed (gracia), pero que está oculto a él porque aun no está calificado para ver el deleite y placer que el Creador ha preparado para Sus creaciones. Y después de establecer la alabanza del Creador –lo que significa que cree por encima de la razón que todo es bueno y lleno de gracia– debe rezar para que el Creador enmiende su corazón y lo convierta en «Mi casa de rezo», lo que significa que las bendiciones del Creador aparecerán allí. A esto se le llama «Jasadim reveladas».

Y entonces «llevaremos una ofrenda de agradecimiento», lo que significa que dará gracias por haber sido privilegiado con poder ofrecer las vasijas de recepción. A eso se le llama «Allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento», por haber sido merecedor de sacrificar su deseo de recibir, y a cambio de esto llega el deseo de otorgar, que es llamado «el lugar del Templo». Pero el asunto importante para la persona es tener, primero, un deseo de sacrificar el deseo de recibir. Y como el deseo de recibir es la esencia misma del creado, por eso ama al deseo de recibir y le es muy difícil entender que debe ser anulado o, de lo contrario, es imposible ser merecedor de algo espiritual. En la corporalidad, vemos que la persona tiene un deseo y una carencia que le concierne, que le llega de las entrañas de su cuerpo, y hay deseos que uno adquiere desde el exterior, y no desde sí mismo. En otras palabras, si no hubiera gente en el exterior que engendrara esa carencia en él, nunca sentiría que le hace falta; Solo la gente en el exterior engendra ese deseo en él. Por ejemplo, una persona, que esté sola, seguirá queriendo comer, beber, dormir, etc., incluso cuando no haya otras personas a su alrededor. Sin embargo, si hay gente en su entorno, está la cuestión de la vergüenza, en lo que los otros le obligan. Entonces debe comer y beber lo que le impone la gente que le rodea.

Eso es evidente fundamentalmente en cuanto a la ropa. En casa, la persona lleva puesto lo que le resulta cómodo. Pero cuando está entre la gente, debe vestir conforme a la manera en que los otros entienden como correcto. No tiene opción, ya que la vergüenza lo obliga a perseguir sus gustos. Es lo mismo en la espiritualidad. La persona tiene un deseo por la espiritualidad en su interior, que proviene desde dentro de sí mismo. En otras palabras, incluso cuando está solo y no hay gente a su alrededor que le afecte y de quien absorba algún deseo, recibe un despertar y anhela ser un siervo del Creador. Pero su propio deseo tal vez no sea suficiente para no necesitar agrandar ese mismo deseo, y poder trabajar con él para obtener la meta espiritual. Por lo tanto, existe una manera –al igual que en la corporalidad– de intensificar ese deseo a través de la gente del exterior, que le impulse a seguir sus opiniones y su espíritu.

Eso se hace a través de la unión con gente, que él ve que también tiene una necesidad espiritual. Y el deseo que tiene esa gente del exterior, engendra un deseo en él, y así recibe un gran deseo por la espiritualidad. En otras palabras, además del deseo que siente en su interior, recibe un deseo por la espiritualidad que ellos engendran en él, y entonces adquiere un gran deseo con el cual puede alcanzar la meta. Por lo tanto, en el asunto del amor a los amigos, es donde cada persona del grupo, además de tener un deseo propio, obtiene el deseo de los amigos. Eso es una gran adquisición que sólo se puede obtener a través del amor a los amigos. Sin embargo, se debe tener gran cuidado de no ir con amigos que no tengan el deseo de examinarse a sí mismos, es decir, a la base de su trabajo –ya sea para otorgar o para recibir– y para ver si están haciendo lo indicado para llegar al sendero de la verdad, que es el camino de otorgamiento puro.

Sólo dentro de un grupo así es posible inculcar en los amigos el deseo de otorgar, lo que significa que cada uno absorberá la carencia de los amigos, o sea que le falte el poder de otorgar. Y, a donde quiera que vaya, buscará con impaciencia un lugar donde quizá alguien tenga la posibilidad de darle el poder de otorgar. Por lo tanto, cuando llega a un grupo en el que todos están sedientos de la fuerza de otorgar, cada uno recibe esa fuerza de todos los demás. Esto se considera que está recibiendo fuerza desde el exterior, además de la pequeña fuerza que tiene en su interior. Sin embargo, y en oposición a esto, existe una fuerza en el exterior de la cual está prohibido recibir ninguna asistencia, a pesar de que esa fuerza, que puede recibir desde el exterior, le dará el combustible para trabajar. Se debe ser muy cuidadoso de no recibirla. Y se necesita tener mucho cuidado porque el cuerpo tiende a recibir fuerza para el trabajo particularmente de la gente en el exterior. Llega a la persona cuando oye que se dice acerca de él, por ejemplo, que es una persona virtuosa, o un discípulo sabio, o un hombre con temor al cielo, o cuando se dice de él que es un hombre que busca la verdad. Cuando la persona escucha esas cosas, las palabras que escucha −que su trabajo es apreciado−, le dan fuerza para el trabajo porque está recibiendo respeto por su labor.

Y entonces no necesita fe por encima de la razón ni el poder de otorgar, es decir, que el Creador le ayudará y que esa será su motivación. En lugar de esto, recibe el combustible del exterior. En otras palabras, la gente externa le obliga a esforzarse en la Torá y las Mitzvot (preceptos). Ese es el asunto en cuanto a ser humilde –una de sus razones es que no habrá nutrición a los externos. Por eso cada uno debe caminar humildemente, como está escrito: «Y camina humildemente con el Señor tu Dios». Los externos son gente que se encuentran fuera de él. Ellos lo nutren por su trabajo, pero luego –es decir, después de escuchar que es respetado– aprende a trabajar por las personas del exterior y no por el Creador. Esto es así porque ya no necesita que el Creador lo acerque a Su trabajo, porque ahora él trabaja, porque la gente del exterior le da el combustible para estudiar y trabajar para ellos. En otras palabras, ellos son quienes le obligan a trabajar y no es el Creador quien le obliga a trabajar para Él. Más bien, otros le inspiran a trabajar por ellos –para que le respeten, etc. Se deduce que esto es similar a trabajar para un dios extraño. Esto es, ellos le ordenan trabajar por la recompensa del respeto y similares, lo cual le darán a cambio de esforzarse en la Torá y las Mitzvot. Eso significa que si ellos no conocen su trabajo, y él no vio que hay alguien que lo observa y se dedica a la Torá, no hay quien le obligue a trabajar. Esto se llama «aferramiento de los externos» y es por esto por lo que la persona debe trabajar de manera oculta.

Sin embargo, trabajar de manera oculta no es suficiente. Aunque es cierto que ahora sólo el Creador le impulsa a hacer el trabajo sagrado, debe haber una cosa más: la persona no debe trabajar para recibir recompensa. Eso es un asunto completamente diferente porque ello está en contra de nuestra naturaleza. Somos creados con la naturaleza llamada «deseo de recibir». Pero ahora debemos trabajar sólo en el trabajo de otorgamiento, y no recibir nada para nosotros mismos. Para eso, debemos buscar un grupo, en donde cada uno piense que debemos trabajar para otorgar. Como esta es una pequeña fuerza dentro de la persona, debe buscar personas que también estén buscando tales fuerzas. Pero unidos, cada uno de ellos puede recibir fuerza de los demás y eso es todo lo que le falta. Y el Creador enviará ayuda desde arriba para que podamos caminar en el sendero del otorgamiento.

La agenda para la reunión

La agenda para la reunión
Artículo Nº 17, 1985-86

 

En Masejet Brajot (pág. 32), nuestros sabios escribieron: “Rabí Shamlai dijo, ‘Siempre se debe alabar al Creador y luego rezar’. ¿De quién recibimos esto? De Moisés, tal como está escrito: ‘Y yo imploré’”. Baal HaSulam interpreta que cuando uno desea pedir un favor a otro, debe saber:

a) Si tiene lo que se él le pide porque, si no lo tiene, no tiene sentido pedir.
b) Que tenga un buen corazón. Esto es así porque él puede que tenga lo que pide, pero que no tenga un corazón abierto para dar.

Así pues, primero se necesita alabar al Creador, es decir, creer que el Creador tiene todo lo que se le pide, y que el Creador es misericordioso y concede a todos su deseo para bien. Resulta que cuando los amigos se reúnen en un sitio, la reunión tiene seguramente un propósito, pues cuando uno dedica parte de su tiempo –que debería emplear para sus propias necesidades, renunciando a sus compromisos y participando en una reunión –es porque desea adquirir algo. Por lo tanto, es importante intentar que, cuando cada amigo se marche a casa, examine con qué vino a la reunión, y lo que ha adquirido ahora que vuelve a su hogar.

Algunas veces, durante la reunión de los amigos, todos se sienten bien durante la reunión. En ese momento no se les ocurre reflexionar con qué posesiones volverán a su casa, es decir: qué es lo que tengo en mi mano, qué he adquirido durante la reunión de los amigos y que no tenía antes de venir al grupo. Y entonces observa que no tiene nada.

Esto es igual a lo que está escrito (Deuteronomio, 23:25): “Si entras a la viña de tu prójimo, podrás comer todas las uvas que quieras, hastaque hayas saciado tu alma, pero no meterás ninguna en tus vasijas”. Debemos interpretarlo como que cuando los amigos se reúnen se ledenomina “La viña de tu prójimo”, cuando se sientan, comen y beben juntos, charlando de esto y lo otro, y el cuerpo disfruta durante estas acciones. Esto es igual a: “Podrás comer todas las uvas que quieras, hasta que hayas saciado tu alma”.

Pero cuando se van a sus casas y desean ver lo que tienen en sus Kelim (vasijas), para llevarse algo del buen ánimo a casa, esto es, cuando has abandonado la reunión y quieres examinar lo que llevas en tus Kelim después de todo el festejo, vemos que: “Pero no meterás ninguna en tus vasijas”. En otras palabras, que no hay nada en los Kelim con lo que revivir el alma después de la reunión.

Sin embargo, cuando la persona se esfuerza, se debe asegurar de que no lo hace sin una recompensa. Es como decimos en el rezo “Y vino a Sión”: “Para que no nos esforcemos en vano”. Pero, cuando uno va a una reunión, debe adquirir sustento allí, para que cuando regrese a casa, pueda ver si tiene algo que poner en los Kelim. Entonces tendrá provisiones para alimentarse hasta la siguiente reunión. Y, hasta entonces, tendrá de lo que ha preparado, es decir, de lo que ha adquirido durante la reunión de los amigos.

Por lo tanto, primero, se debe alabar la importancia de la reunión y luego ver lo que va a adquirir de esa actividad. Es como nuestros sabios dijeron: “Siempre se debe alabar al Creador y luego rezar”. En otras palabras, al comienzo de la reunión, es decir, al comienzo de las discusiones, en la apertura de la asamblea, se debe alabar al grupo. Cada uno debe intentar proporcionar razones  y explicaciones acerca del mérito e importancia del grupo. No deben hablar de nada que no sea para ensalzar al grupo.

Finalmente, el enaltecimiento debe ser revelado por todos los amigos. Luego, ellos deberán decir: “Ya hemos concluido con la primera etapa de la reunión de los amigos y comienza la etapa número dos”. Entonces, cada uno manifestará lo que piensa acerca de las acciones que podemos tomar, para que cada uno pueda adquirir el amor por los amigos. En otras palabras, lo que cada persona puede hacer para adquirir el amor en su corazón por todos y cada uno de los que integran el grupo. Y una vez que se ha completado la etapa dos −que consiste en las sugerencias de lo que se puede hacer en favor del grupo – da inicio la etapa número tres. Esta se refiere a llevar a cabo las decisiones de los amigos respecto a lo que se debería hacer. Y con respecto al enaltecimiento del grupo, en Matan Torá (La entrega de la Torá hoja 137), se introduce el asunto del amor por los amigos, que al vincularse con los amigos se puede adquirir la grandeza del Creador. Todo el mundo se encuentra inmerso en su amor propio y él desea seguir el camino del otorgamiento. Pero esto va en contra de la opinión general, pues es la naturaleza en la que fuimos creados, debido al propósito de la creación, que es, como se dijo: “Su voluntad de hacer el bien a Sus creaciones”.

Y todo nuestra fuerza para oponernos, para actuar al contrario –que no solo no queramos recibir para nosotros mismos, sino que deseamos dar, lo que se considera que todas nuestras acciones serían para otorgar satisfacción a nuestro Hacedor– radica en que, debido a la naturaleza del otorgamiento, una persona disfruta cuando da a una persona importante. Resulta que, sin el placer, la persona no puede hacer nada porque va en contra de su naturaleza.
Sin embargo, podemos reemplazar el placer. Eso significa que en lugar de recibir placer de un acto de recepción, deseamos recibir placer de un acto de otorgamiento. A esto se le llama “equivalencia de la forma”.

Debemos decir que así como el Creador disfruta de dar a las criaturas, nosotros debemos disfrutar de dar al Creador.
De otra forma, es decir, si no sentimos alegría y placer cuando le damos al Creador, estamos haciendo daño a la equivalencia de forma. Es como nuestros sabios dijeron: “No ha habido alegría tal ante Él, como el día en que los cielos y la tierra fueron creados. No hubo alegría ante el Creador desde el día en que el mundo fue creado, como la alegría que Él está destinado a disfrutar con los justos en el futuro” (El Zóhar, 1, 115). Por consiguiente, si la persona no siente alegría al cumplir los preceptos del Creador, incluso cuando aspira al otorgamiento, no se considera como equivalencia de forma, porque la persona solo puede sentir alegría cuando existe el placer. Resulta que si él no siente deleite y placer al dar al Creador, no se considera todavía como equivalencia de forma, y no tiene espacio para recibir la abundancia superior, pues todavía carece del placer que el Creador siente cuando les da a los creados.

Se deduce que toda la base sobre la cual podemos recibir deleite y placer, y sobre la que tenemos permitido disfrutar –y hasta es una gran obligación– es disfrutar de un acto de otorgamiento. Por lo tanto, hay un punto en el que debemos trabajar –la importancia de la espiritualidad. Y ello se expresa cuando tengo cuidado en ver a quién me dirijo, con quién hablo, de quién son los preceptos que cumplo, de quién es la Torá que aprendo, es decir, en buscar consejo sobre cómo dar importancia al Otorgante de la Torá. Y antes de obtener por sí mismo alguna iluminación desde lo alto, la persona debe buscar personas más o menos parecidas a ella, quienes también busquen enaltecer la importancia de cualquier contacto con el Creador, de la forma que sea. Y cuando un gran número de personas lo apoyan, todos pueden recibir la ayuda de su amigo.

Debemos saber que “Dos es el plural menor”. Eso quiere decir que si dos amigos se sientan juntos y reflexionan sobre cómo engrandecer la importancia del Creador, es que ya tienen la fuerza, de recibir el enaltecimiento de la grandeza del Creador bajo la forma del despertar desde abajo. Y a este acto, le sigue el despertar desde arriba y comienzan a tener alguna sensación de la grandeza del Creador. Conforme a lo que está escrito: “En la multitud de la gente se halla la gloria del Rey”, se deduce que cuanto mayor sea el número de personas, más efectivo es el poder del colectivo. En otras palabras, ellos generan una atmósfera poderosa de la grandeza y la importancia del Creador. En ese momento, el cuerpo de cada persona siente que todo lo que desea hacer por la santidad –es decir, otorgar al Creador– como una inmensa fortuna; que tiene el privilegio de encontrarse entre personas que han sido recompensadas con servir al Rey. En ese momento, cualquier pequeña cosa que haga, lo llena de alegría y placer, ya que ahora tiene algo con lo que puede servir al Rey.

En la medida en que el grupo considere la grandeza del Creador con sus pensamientos durante la reunión, cada cual conforme a su grado, genera la importancia del Creador dentro de sí. Por consiguiente, puede transitar todo el día por el mundo de la alegría y el regocijo, es decir, que disfruta de cada pequeña cosa que hace ligada al servicio del Creador. Eso se debe a que si él recuerda que debe contemplar la espiritualidad aunque sea durante un minuto, de inmediato dice: “Ya estoy muy agradecido por alabar y glorificar al Creador”, pues ahora cree que el Creador lo ha convocado y desea hablar con él. Y cuando la persona imagina que el Rey le convoca y le dice que quiere jugar con él, ¿cuánta alegría experimentaría entonces y cuán animado se sentiría? Ciertamente, en ese estado de exaltación, no tendría pensamientos triviales. Se sentiría un poco avergonzado por no conocer las leyes y las costumbres del Rey −cómo comportarse cuando el Rey le habla.

Pero considera lo que sabe hacer para el rey como una gran fortuna, pues de cualquier forma conoce algunas de las reglas para cumplir los preceptos del Rey, que aprendió en la escuela cuando era joven. Y ahora que ya ha crecido y desea servir al Rey, seguro que carecerá del conocimiento de las leyes del Rey. Resulta que su preocupación es que no sabe, qué es lo que le proporciona al Rey mayor placer: qué acción o qué intención. Y además de esto, vive en un mundo que es todo bienestar. Al juntarse para la reunión, esto es en lo que el grupo debería pensar y hablar, de la grandeza del grupo, tal como está escrito: “Se debe alabar al Creador y luego rezar”. Es lo mismo con el grupo. Cuando deseamos pedir algo al grupo, a esto se le denomina “rezar”, primero debemos establecer el mérito del propio
grupo y después “rezar”, es decir, pedir al grupo que nos proporcione lo que queremos de él.

Por lo tanto, primero la persona necesita ver lo que tiene el grupo, cuáles son las posesiones que puede obtener de ellos al vincularse con ellos. Tal vez no necesita las posesiones del grupo, sino que, es más, se aleja de éstas tanto como le es posible. Y, en consecuencia, cuando llega a la reunión de los amigos, siempre debe ver si los amigos tienen la meta que él anhela, que cada uno de ellos se aferre en algo a esa meta. Y él piensa que al unirse por la meta, cada uno recibirá su parte, así como las partes de todo el grupo. Resulta que cada uno de los integrantes del grupo tendrá la misma fuerza que la del conjunto del grupo unido. Se desprende de ahí que cada uno debe considerar seriamente el propósito de la reunión −que al término de la reunión de los amigos esta debe aportar la sensación de que, cada uno tenga algo en su mano que pueda poner en sus vasijas, y que no se encuentren en la situación de: “Pero no meterás ninguna en tus vasijas”. Cada uno debe considerar que si no se sienta especialmente atento durante la reunión, no solamente pierde él mismo, sino que corrompe a todo el grupo.

Esto se parece a lo que está escrito en el Midrash (Vaikrá Rabá, Capítulo 4): “Dos personas subieron a un bote. Una de ellas comenzó a hacer un hoyo en el bote debajo de ella. Aquel le dijo: “¿Por qué estás haciendo un hoyo?” Y este le replicó: “¿De qué te preocupas, si estoy haciéndolo justo debajo de mí y no debajo de ti?” Entonces aquel le respondió: “¡Qué necio! ¡Ambos nos ahogaremos al hundirse el bote!” Y una vez que hayan hablado de la importancia y de la necesidad del grupo, comienza el orden de la corrección −cómo y con qué podemos fortalecer al grupo para que se convierta en una agrupación sólida, tal como está escrito: “Y allí acampó Israel frente al monte” (Éxodo 19:2), y fue explicado que “como un solo hombre con un solo corazón”. El orden debe ser que cualquiera que tenga una sugerencia en cuanto a mejorar el amor por los amigos, esta debe discutirse, pero debe ser aceptada por todos los amigos para que no exista aquí ningún asunto de coacción.

Hasta ahora, hemos discutido la conexión entre la persona y su amigo, que sirve para conducirnos a la conexión entre la persona y el Creador, tal como está escrito en Matan Torá (La entrega de la Torá hoja 137). Resulta que al hablar de la importancia de los amigos y de que toda su importancia radica en que nos conduce hasta el amor por el Creador, también deberían pensar que el amor por los amigos debe conducirnos a la importancia del amor por el Creador.

 

El asunto de la importancia de los amigos

El asunto de la importancia de los amigos

Artículo Nº 17, Parte 1, 1984

Con respecto a la importancia de los amigos que se encuentran dentro del grupo, ¿de qué manera hay que valorarlos? Es decir, ¿con qué tipo de importancia debe observar cada uno a su amigo? El sentido común dicta que si uno observa, que su amigo se encuentra en un escalón inferior al suyo, entonces querrá enseñarle, cómo comportarse de una manera virtuosa, mejor de las que aquel posee. Así pues, no puede ser su amigo; él puede tenerlo como un alumno y no como un amigo.

Y si él ve que su amigo está en un escalón más alto que el suyo, y ve que puede aprender de él buenas cualidades, entonces puede ser su Rav (maestro), pero no su amigo.Significa que precisamente cuando uno ve que su amigo se encuentra en el mismo nivel que él, entonces lo puede aceptar como amigo, pudiendo conectarse con él. Esto es así porque «amigo» significa que ambos están en el mismo estado. Y esto es lógico. Es decir, que ambos tienen equivalencia de puntos de vista y, por consiguiente, han decidido que se unirían y buscarían esta meta, la cual ambos quieren alcanzar.

Es como dos amigos que concuerdan en sus ideas y hacen juntos algún negocio, a fin de que este negocio les aporte alguna ganancia. En ese estado, ambos sienten que tienen los mismos poderes. Pero si uno de ellos siente que es más competente que el otro, entonces no querrá aceptarlo como a un socio igualitario. Entonces, se hacen socios de acuerdo a un cierto porcentaje, es decir, de acuerdo a los poderes y virtudes que tiene uno en comparación al otro. Y entonces el negocio es por un porcentaje de un treinta y tres o veinticinco por ciento, por lo que no se puede decir que ambos son socios igualitarios.

Pero en el amor de los amigos, cuando los amigos se conectan para que exista entre ellos unidad, significa explícitamente que entre ellos hay igualdad. Esto se llama «unidad». Por ejemplo, si hacen algún negocio juntos y dicen que no dividirán las ganancias a partes iguales, ¿podría esto llamarse «unidad»? Indudablemente todo este asunto del amor de los amigos, debería ser realizado de tal manera, que todas las ganancias del amor de los amigos fueran controladas de una forma equitativa por ellos. No deberían esconderse u ocultarse entre ellos, sino que todo habría de ser con amor, amistad, verdad y paz.

Pero en el ensayo, Un discurso para la conclusión del Zóhar está escrito: «Hay dos condiciones para obtener la medida de la grandeza:

Siempre escuchar y aceptar la apreciación del grupo en la medida de su grandeza;

El entorno debe ser grande, tal como está escrito ‘En la multitud reposa la Gloria del Rey’».

Y a fin de aceptar la primera condición, cada estudiante debe sentirse como si fuera el más pequeño de todos los amigos. Y entonces podrá recibir de todos el valor de la grandeza, ya que un grande no puede recibir de uno más pequeño y menos aun inspirarse de sus palabras. Y sólo el más pequeño se impresiona del valor del grande. Y con respecto a la segunda condición, cada estudiante debe elevar las virtudes de su amigo como si fuera el más grande de la generación. Y entonces, el entorno actuará sobre él, como debe hacerlo un gran entorno, pues la calidad es más importante que la cantidad.

Y lo dicho anteriormente implica que en el asunto del amor de los amigos «Un hombre a su amigo ayudará», lo que significa que es suficiente que cada uno mantenga a su amigo como si estuviera con él en el mismo nivel. Pero como cada uno tiene que aprender de su amigo, entonces existe el asunto del Rav (maestro) y el estudiante. Por eso tiene que considerar a su amigo como más grande que él. Pero ¿cómo es posible considerar a su amigo como más grande que él?, si, por el momento, ve que tiene mayores virtudes que su amigo, es decir, que tiene más talento y mejores atributos. Esto se puede entender de las siguientes formas:

Él va con fe por encima de la razón, de manera que desde el momento en que escogió un amigo para él, ya lo aprecia por encima de la razón.

Esta forma es más natural: desde dentro de la razón. Puesto que si decidió aceptarlo como amigo y trabaja consigo mismo para amarlo, es natural que por medio del amor se vean sólo las cosas buenas. E incluso aunque existan cosas malas en su amigo, él no puede verlas, como está escrito: «El amor cubre todas las transgresiones».

Podemos observar que un hombre puede ver faltas en los hijos del vecino, pero no las ve en sus propios hijos. Y cuando le dicen que sus hijos tienen algunas faltas, de inmediato empieza a discutir con su amigo y comienza a nombrar todas las virtudes que tienen sus hijos.

Y la pregunta es, ¿cuál es la verdad? Después de todo, en sus hijos hay virtudes, y por eso se enfada cuando otros hablan de ellos. El asunto es así, tal y como lo escuché de Baal HaSulam: Realmente, en cada persona hay virtudes y faltas. Y tanto el vecino como el padre están diciendo la verdad. Pero el vecino no se relaciona con los hijos del otro, como en una relación de un padre hacia su hijo, ya que no siente el mismo amor hacia esos niños tal y como lo siente su propio padre.

Por lo tanto, cuando mira a los hijos del otro, sólo ve las faltas que hay en ellos, ya que esto le causa más placer. Es así porque puede demostrar que es más que el otro, por el hecho de que sus propios hijos son mejores. Por eso sólo ve las faltas de los demás. Lo que está viendo es verdad, pero sólo ve las cosas que le causan placer.

Pero el otro padre también ve sólo la verdad, excepto que él mira únicamente las cosas buenas que tienen sus hijos. Sin embargo las cosas malas que tienen sus hijos no las ve, debido a que eso no le causa placer. Por lo tanto, él dice la verdad de lo que ve en sus hijos, porque sólo mira las cosas que le aportan placer; es decir, ve sólo las virtudes.

Por eso resulta, que si él siente amor hacia los amigos, el discernimiento del amor, el cual es una ley, de tal manera que quiere ver precisamente las virtudes de su amigo y no sus faltas, resulta que si él ve alguna falta en su amigo, esta es una señal que la falta no se encuentra en su amigo sino en sí mismo. Es decir, que él ha dañado el amor hacia los amigos y por eso ve dichas faltas en el amigo.

No obstante, él necesita ver ahora, no que su amigo se corrija, sino lo que él mismo precisa corrección. De lo dicho anteriormente, concluimos que no necesita ver que su amigo reciba corrección sobre sus faltas, las cuales ve en su amigo, sino que él mismo necesita una corrección por el daño que causó en el amor hacia los amigos. Y cuando se corrija a sí mismo, verá solamente las virtudes de su amigo y no sus faltas.

Carta Nº 8 – Escritos del Rabash

 

Saludos, amigos míos, mis mejores deseos,

En respuesta a su carta, debo decirles que, por ahora, no tengo nada que añadir por este medio. Más bien, tal como está escrito: “Habla a los hijos de Israel y ellos viajarán”. En relación a los viajes, sabes que se refieren a ir del estado A al estado B. Ese es el significado de cambiar de lugar, como dijo Baal HaSulam en una interpretación del verso: “Día a día expresa un discurso”. Él escribió allí que es imposible tener otro día, sin tener un estado de noche de por medio, es decir, con una interrupción en la mitad. De otra manera, se llama “un largo día” y no “día tras día”. Pero el orden del trabajo es precisamente día tras día. “Y noche tras noche experimentará el conocimiento” significa que hay un día en el medio, hasta aquí sus palabras. Este es el orden de los viajes: Por lo tanto, no le teman a cualquier estado, sino solo, como ya dijimos: “Viajen”, vayan hacia adelante. Cada vez, debe fluir una nueva corriente, tal como (…) me escribió en su última carta, el verso: “Ellos son nuevos cada mañana; grande es Tu fe”. Por cierto, te voy a revelar en la presente carta mis pensamientos y voluntad aun cuando no acostumbro hacerlo habitualmente. Y aun así, deseo revelar ante ti lo que pensé acerca de las personas de Tiberíades y saber cómo nos consideran, amigablemente o de manera hostil. En esta carta, te escribiré cómo y que veo de las personas de Tiberíades. Y aun cuando no describí la esencia de Tiberíades, aun así, te escribiré mis pensamientos. Estos días, me he liberado un poco de mis problemas personales y generales, y estoy tomándome un tiempo para levantar la cabeza y observar lo que se está desarrollando allí. Es como si viera tres tipos de personas, tres imágenes y formas vestidas en tres diferentes tipos de cuerpos. 1) Una gran parte, la vasta mayoría, a pesar que pienso que nos consideran de forma tanto favorable como desfavorable, y que nos respetan o desprecian. Con toda honestidad, pienso que no somos dignos de atención a sus ojos. En otras palabras, ni piensan en nosotros, ni nos critican e incluso no nos sienten.

Es como si no existiéramos junto a ellos en el mundo. Es más, si sucede que escuchan que existe tal cosa como los Jasidim (practicantes) del Rav Ashlag, no es de interés para ellos. Están preocupados en conseguir sustento todo el día −en sus pasiones, en su búsqueda de respeto, o en su espiritualidad. Ellos no tienen la necesidad de considerar algo tan trivial como nosotros −este pequeño grupo de personas- y, especialmente, desde que escucharon que hay una pelea dentro de nuestro diminuto grupo. “Las sobras no satisfacen al león”. Es decir, el diminuto grupo, es muy pequeño e insignificante ante sus ojos, para saciarlos o proporcionar alguna satisfacción mental, tanto es así, que evalúan si nos dejan entrar en sus pensamientos para decidir si somos buenos o malos. Así de inferiores somos ante sus ojos, completamente indignos de escrutinio, e indignos de una atención momentánea. E incluso cuando pienso que este león tiene todo tipo de planes en relación a nosotros, en realidad no hay nada por el estilo. 2) El segundo tipo de personas, son aquellos que nos respetan y para los cuales ya existimos y ocupamos espacio en su mundo. Nos consideran personas de valor, respetables, y de cierta talla. Nos hacen el gran favor de destinar tiempo para nosotros en su mente y en sus pensamientos durante su tiempo libre. Se interesan por nosotros y observan nuestras actitudes y actividades para ver si somos realmente virtuosos y con integridad, y para opinar con criticismo si encuentran algo en nosotros. Cuando piensan en ello, ven que al final del día, es un grupo de personas que se han reunido en un cierto lugar, bajo la supervisión de un cierto líder, para estar juntos. Con un coraje sobrehumano afrontan a todos aquellos que se levantan en su contra. De hecho, son hombres valerosos con un fuerte espíritu, están determinados a no retroceder ni un centímetro. Son luchadores de primera clase, peleando en su guerra contra la inclinación hasta su última gota de sangre, y su único deseo es ganar la batalla por la gloria de Su nombre. Sin embargo, junto a todas esas reflexiones, cuando comienzan a analizarse a sí mismos −de acuerdo a sus prejuicios y a sus intereses propios con respecto a deseos y persecución de honores− se ven obligados a acordar de manera unánime, unirse contra nosotros. Así, inequívocamente y de todo corazón, resuelven que es mejor para ellos no vincularse con nosotros. Esto es así aun cuando entre ellos, están muy lejanos y son tan diferentes el uno del otro, que nunca pueden estar de acuerdo en nada.

Pueden odiarse los unos a los otros hasta tal punto que no pueden soportar estar en la misma habitación y hasta desean matarse entre sí. Aun así, todos ellos se unen en nuestra contra. Y como no son imparciales debido a la voluntad de recibir en ellos, y “El soborno ciega los ojos del sabio”, inmediatamente ven lo opuesto de lo que pensaron de nosotros. Y después de todas las alabanzas y virtudes que encuentran en nosotros −que es conveniente y bien visto respetarnos− pero una vez que han tomado una determinación, ejecutan rápidamente el veredicto con pasión y devoción, ya que arruinamos su reputación con nuestros puntos de vista. Así, por una parte, ellos ven que la verdad está de nuestro lado; y al mismo tiempo, nuestro camino les irrita. Para librarse a sí mismos, no tienen opción sino destruirnos y borrar nuestro nombre de la faz de la tierra. Ellos se aplican y esfuerzan en ello, para dispersarnos en todas direcciones. Planean y conspiran sobre cómo hacernos fallar y colocan obstáculos en nuestro camino, usando todo tipo de medios −tanto legítimos como ilegítimos, incluso si esto significa contradecir el espíritu humano y el espíritu de la Torá. No les importa, porque ven que no habrá permanencia de su voluntad si tenemos algún dominio o expansión de nuestra meta, hacia las personas honestas y de corazón, porque entonces tendremos el poder de mostrarles la verdad. Y esto es malo para ellos, porque es más conveniente hacer lo que sus corazones desean, y al mismo tiempo ser “el rostro de la generación”− líderes influyentes y espirituales. Por eso, ellos conspiran con planes de ruina y destrucción para nuestro futuro y dicen: “Cuanto más pronto, mejor; es mejor degradarlos mientras aun son pequeños, de manera que no quede ninguna traza de ellos”. Aun así, debemos estar muy agradecidos con ellos por respetarnos y dar importancia a nuestro punto de vista., al menos, admiten que hay algo para revocar. En otras palabras, no nos ignoran como si fuéramos polvo, sino que al menos somos reales para ellos. Esto no es como con el primer tipo de personas, que no piensan en nosotros y creen que lo que sucede a nuestro alrededor no merece ninguna atención. Además, tampoco están impresionados por nuestra debilidad. Que nosotros al pensar que están siguiendo nuestro accionar, evitamos hacer ciertas cosas, no sea que las encuentren irritantes, y que esto a menudo nos provoca escapar de la campaña, por miedo al primer tipo de personas. Para ser honesto, ninguno de ellos nos presta atención o piensa en nosotros.

Tal vez es como está escrito: “Huyeron cuando nadie los persiguió”. Por lo tanto, debemos estar contentos por personas como las del segundo tipo, ya que al menos hacen bromas, se burlan, nos desprecian y calumnian. En otras palabras, al menos somos una realidad en su mundo y no fue tan fácil para ellos pensar y decidirse en borrar nuestro nombre de la faz de la tierra, Dios nos libre. 3) El tercer tipo de personas nos desean bienestar y nos favorecen. Sin embargo, son muy pocas, como en “Dos son multitud (o plural)”. Y las llamo por sus iniciales, BShMA, es decir, B…, Sh…, M…, y A… En la lengua sagrada (hebreo), se llaman Bosem (perfume), y en arameo, BoSMA, porque el arameo se considera Ajoraim (posterior). En otras palabras, deben llegar a ser recompensados con la Luz de Panim (Luz anterior), y que todas sus acciones ingresen en la Kdushá (santidad), la cual se llama “la lengua sagrada”. ¿Y qué debo hacer cuando veo que deseo describir e ilustrarte a nuestros amados que están en Tiberíades? En ese momento, siento que Tiberíades es una ciudad bulliciosa, y los del tercer tipo anteriormente mencionado, están vestidos en dos cuerpos, mezclados en un torbellino, deambulando entre todos los deseos e ideas que visten otros cuerpos, es decir, el primer y segundo tipo de personas. Y entonces es difícil para mí encontrarlos porque es como si estuvieran en un gran saco de paja y heno, ¿y cómo puede uno encontrar dos perlas preciosas, dos espigas de trigo, que se desvanecen en la vasta mayoría? Y aun cuando la regla es que incluso una persona entre mil cuenta, ellos aun deben soportar y clamar como una grulla, que son seres verdaderamente llenos de vitalidad. De esto podemos entender la alegoría que nuestros sabios presentan, que la paja, el heno y el trigo deliberan para quién fue plantado el campo. El argumento de la paja y el heno parecen tan correctos que no pueden ser persuadidos, y en ocasiones hay miedo de que el trigo se rinda bajo el gobierno de ellos. Su argumento es: “Somos la mayoría, y tú, trigo, eres nada comparado con nuestro número. Tenemos un estatus más alto y nacimos antes de que vinieras al mundo. En otras palabras, mientras aun eras inexistente, nosotros ya éramos adultos y bien parecidos, y nuestra grandeza podría ser vista por todos. Desde lejos, deslumbramos el ojo con la belleza que le damos al campo entero. Pero ustedes, los granos de trigo, son tan diminutos e indistinguibles que sólo a través de una atención especial puede uno verlos, sólo cuando uno se acerca. Esto seguramente se debe a su incompetencia. Pero nosotros damos un lugar y refugio a personas que están cansadas y perdidas en el camino, que no tienen lugar para reposar sus cabezas. Las tomamos entre nosotros y las cubrimos de los vientos y de las bestias salvajes para que no se les vea. Pero, ¿quién puede disfrutar de ustedes?”. Pero cuando fue tiempo de cosechar, todos sabían para quién fue plantado el campo, ya que la paja y el heno, sólo son adecuados para ser comida de animales; no tienen la esperanza de ser más grandes que su actual medida de grandeza.

El trigo, sin embargo, tras unas cuantas correcciones, cuando es quebrado, cernido, mezclado con vino y aceite, y puesto en el horno, es colocado sobre la mesa de reyes y es digno de servirse como una ofrenda al Señor. Y todo el mérito que puede ser atribuido a la paja y el heno es su servicio al trigo, al que sustentaron y alimentaron. En otras palabras, ellos tomaron alimento de la tierra y se lo transfirieron al trigo. Fue una carga y un peso para ellos que el trigo estuviera cabalgando sobre sus espaldas, y el valor de la paja y el heno es el mismo que el de un esclavo que sirve al rey o una criada que sirve a su señora. Pero antes del momento de la cosecha, o sea de la conclusión, era imposible aclarar la veracidad y sinceridad de la realidad misma. Por el contrario, cada uno estaba por sí mismo, discutiendo de acuerdo a su propia sensación. Y considerar la verdad sin observar si esta puede causar alguna humillación e incomodidad no es una tarea fácil, solamente aquel que puede analizar cada elemento en muchos detalles hasta que la veracidad y la justicia del asunto salen a la luz. Y para esto se requiere ser recompensado desde arriba, con no ser atrapado en la red del amor propio, y ser arrastrado en el flujo de la mayoría. De lo dicho arriba, resulta que es difícil para mí encontrarlos cuando están solos, sin ninguna mezcla de deseos e ideas extrañas, ya que todos los están ocultando, como se describía en la alegoría del trigo. Sin embargo, he encontrado una táctica, similar a la del tiempo de cosecha mencionada antes. Sólo de noche, después de la medianoche, cuando la brisa nocturna sopla y dispersa las pilas de paja y heno, y todos yacen postrados en el campo como cadáveres, es decir, durmiendo en sus camas, las dos espigas se liberan y vierten sus corazones ante su Padre en el cielo. Ellos entran a la llama del fuego de la Torá hasta la luz de la mañana, cuando es el momento de la plegaria. En ese momento, sus almas salen diciendo las palabras del Dios viviente. Creo que este es el momento justo para entretenerse con las perlas preciosas que brillan como llamas de fuego, para ser unidas con todo Israel, con la ayuda de la Roca de su Redención, y que el Creador así lo permita.

Y escribiré unas cuantas palabras más con respecto al amor. Es sabido que no hay Luz sin un Kli (vasija), es decir, que cada placer debe tener un atuendo, en el cual la Luz del placer pueda vestirse. Por ejemplo, cuando una persona desea ganar algún respeto, ser honrado ante los ojos de las personas, su primera acción es con sus ropas. En otras palabras, él debe vestirse con un atuendo honorable, como nuestros sabios dijeron: “Rabí Yojanán llamó a sus vestidos ‘Mis honras’”. Así, la persona se esfuerza en una cierta medida hasta que obtiene la honorable vestimenta, e incluso luego de adquirirla, debe protegerla de cualquier desperfecto y daño. Es decir, cada día debe sacudirla, y si está manchada y se ensucia, debe lavarla y plancharla. Pero, más importante aun, debe protegerla del más peligroso saboteador − ¡las polillas! En Yiddish se le llama “un Mol”, que es un mosquito pequeño que no puede verse. El primer cuidado es que no debe entrar en contacto con ropas viejas. Y hay además un remedio maravilloso llamado “naftalina”, que la protege de los que la dañan, los “Mols”. Y cuando él tiene su vestimenta, está listo para recibir la Luz del placer que se viste en atuendos honorables. Es similar con el amor. Para ser recompensado con la Luz del amor, uno debe encontrar un atuendo en el que la Luz pueda vestirse. Y las mismas reglas se aplican a estas vestimentas: evitar el “polvo” de la calumnia, y en especial al mosquito saboteador conocido como Mol (en Yiddish, Moil significa boca, así que hay aquí un juego de palabras), que son personas de buena apariencia, que hablan bellamente. Pensarías que ya se han “circuncidado” en las alianzas de las relaciones prohibidas y la calumnia, y circuncidaron su corazón, pero muy en el fondo en ellos está el saboteador que puede dañarlos, y no pueden protegerse de ello porque son de apariencia agradable y gran belleza. Por eso este mosquito es tan diminuto que, sin una atención especial, es imposible detectar a este destructor que viene de aquellos circuncisos, que pueden arruinar esta preciosa vestimenta. De hecho, se sabe que este Mol le hace más daño a las vestimentas de lana (TzéMeR), es decir, las letras MeReTz (entusiasmo), que arruinan el entusiasmo para el trabajo. Y el Yatush (mosquito) se deriva de “VaYitosh (y él abandonó) al Dios que lo hizo”, o en Arameo, “Y él cesó de adorar al Dios al que servía”. Es costumbre de quién tiene una preciosa vestimenta de lana, el evitar el contacto con ropas viejas. En otras palabras, debe evitar el contacto con “viejos Jasidim (practicantes)”, que arruinan el entusiasmo, porque ya no son competentes para el trabajo, así que todas sus palabras son solo para disminuir el ánimo. E incluso uno con fuertes vestimentas de amor, que es parecido a un árbol −es decir, que tiene una firme existencia− también debe resguardarse de esa polilla, ya que si entra en contacto con la madera, también puede producir daños. Tal como vemos en la naturaleza, que si ese agente nocivo ingresa en el árbol, el mismo se pudre y se desintegra. Y la única medicina es la naftalina, que viene de la palabra Naftoley, que Onkelos (traductor de la Biblia) traduce como Tefilá (plegaria), es decir, rezar al Creador para que este destructor no ingrese en su vestimenta. Deben ser cuidadosos con una vestimenta honorable, porque si hay plumas de gallo sobre esta, deben ser eliminadas. Tampoco deben entrar en un lugar donde haya plumas de gallo mientras se visten esas ropas.

En una vestimenta de la Luz del amor esto es interpretado como Notzot (plumas), de la palabra Nitzim (pelear), como en las peleas de gallos. Esto se refiere al canto y a los himnos de personas que aun están en el exilio, que se encuentran fuera del camino de la verdad y están esclavizados al amor propio. Todo el canto y alabanza que muestran durante su Torá y en su plegaria sólo causan disputas en tu alma, hasta que comienzan a hacer la guerra en sus pensamientos e ideas −y ustedes se cuestionan, ¿en qué lado se encuentra la verdad y la justicia? Esto arruina y ensucia sus vestimentas, las que hasta ahora podían albergar amor. Por lo tanto, debes ser cuidadoso y evitar lugares donde hay plumas de gallo, de manera que después no tengas que dedicarte a limpiarte esas plumas. Podemos ver en aquella persona que se esfuerza en adquirir la Luz de los honores, si no protege sus vestimentas adecuadamente, cuando sale afuera, los externos inmediatamente se aferran a su ropa, cuando ven que no es un atuendo apropiado, adecuado para honrar a personas. En otras palabras, la gente verá que está aceptando la autoridad de ellos sobre él, y que está tan esclavizado a esas personas externas, que se ve obligado a hacer grandes esfuerzos para obtener las vestimentas pero también para conservarlas. E incluso la moda, es decir, el diseño y la manera de vestir, deben ser precisamente acorde a los gustos de esas personas bajo las cuales se somete. Así, precisamente son aquellos de quienes desea recibir respeto, a los que tiene que adorar con gran esfuerzo para ser favorecido por ellos, de manera que impartan sobre él la Luz del placer que está vestida en los atuendos de honor. Y si, Dios lo prohíba, no les sirvió lo suficiente, esto puede arrojar resultados no placenteros. Es decir, no sólo no le darán el respeto que quería de ellos, sino al contrario, todos lo degradarán, lo humillarán, y le harán sentir bajo e inferior. Y esa sensación de inferioridad primero lo pondrá triste, luego ocioso, y luego sentirá que el mundo entero se ha oscurecido para él, hasta que no ve esperanza de obtener placer en la vida. Entonces, encuentra un solo consuelo −ir a casa, yacer en su cama, y pedir amargamente que su plegaria sea concedida− es decir, que el ángel del sueño, que es un sesentavo de la muerte, le impartirá la Luz del placer de dormir.

Este es el único goce que puede esperar. Y si, lamentablemente, el ángel del sueño no tiene misericordia de él y no encuentra un remedio para sí, entonces, por la amargura de su alma, él no tiene otra opción, sino adquirir placer de aquello que es popular entre los desesperados que buscan alivio para su tristeza: ellos pelean contra su deseo de existir, lo superan, y extraen placer del ángel llamado “suicidio”. Es decir, ellos sienten que sólo este ángel puede liberarlos de la amargura de su alma. Evidentemente, es imposible obtener placeres del ángel recién mencionado sin terribles tormentos y una poderosa y horrible lucha emocional. Por lo tanto, “Los ojos del sabio están en su cabeza”, y él sabe y ve antes de tiempo lo que puede adquirir y obtener si no cumple las leyes y condiciones de sus contemporáneos. Es decir, debe rendirse y asumir todo lo que las personas externas le exigen, o lo castigarán de inmediato en este mundo. En otras palabras, la recompensa y el castigo son revelados en este mundo y no requieren fe por encima de la razón.

De esto podemos deducir el gran cuidado, desvelo ilimitado, y la atención especial requerida para obtener el ropaje que viste la Luz del amor, no sea que los exteriores se aferren a ella, y arruinen esta preciosa vestimenta. −que está hecha de una tela tan fina y delicada− que ha sido comprada con tanto sudor y sangre, literalmente hablando. Y ahora déjame aclararte cómo y de qué manera comienzo a obtener esa vestimenta de amor. El orden para hacer una vestimenta adecuada es, primero, hilar una pieza de tela. En otras palabras, tomamos hilos y los colocamos juntos a manera de trenzado y guía (entrecruzados). A través del entramado, se teje una pieza de tela. Por lo tanto, tomo un hilo de trenzado en un hilo de guía o llenado. Un Nima (ar.: hilo así como “decir”) se deriva de las palabras “Di una palabra sobre ello”. Shti (llenado) viene de la palabra Tashi (debilita), como en “Tú has debilitado la Roca que te engendró”. En otras palabras, comienzo a actuar con el poder de mi memoria y pronto recuerdo que mis amigos hablaron de mí desfavorablemente, que esas palabras les hicieron cometer cosas malas hacia mí, y estos dichos (también “trenzar”) debilitan la amistad, la camaradería, y la hermandad. Más adelante, un hilo de Erev (ameno) viene a mi mente, es decir, que escuché que mi amigo habló de mí favorablemente, lo cual lo hizo cometer buenas cosas, que son Arevim (amenas) y dulces a mi gusto. Es decir, veo y siento que mi amigo ha dejado todos sus compromisos y piensa y actúa solo a mi favor, de manera que tenga placeres agradables. Y esos dos hilos crean una mezcla en mí, y no sé de qué manera decidir y decir: ¿Está la verdad del lado del trenzado o del lado del llenado? Es sabido que todo lo que existe en nuestro mundo está bajo la forma de positivo y negativo −derecha e izquierda, verdadero y falso, Luz y oscuridad, Israel y las naciones, sagrado y secular, impureza y pureza, y mal y bien. Esto es así porque es imposible detectar un buen sabor sin probar el sabor amargo del mal. Este es el significado de lo que nuestros sabios dijeron: “Demandar (Pará) a los malvados y dar una buena recompensa a los justos”.

La palabra Pará (demandar) viene del verso. “Pará (suelta) el cabello en la cabeza de la mujer”. En otras palabras, es posible recibir ayuda de los malvados con el fin de descubrir el verdadero sabor y sensación, de la buena recompensa del justo. Por esta razón, al tejer la vestimenta, permanezco desconcertado y espero el veredicto que expulsará la pobreza de mente que me envuelve. Y como estoy ocupado en tejer un atuendo de amor, en colocar la Luz del placer ahí, ya no soy imparcial y paso a ser una parte interesada. Por esta razón, decido de acuerdo a las palabras del llenado, tal como la Torá nos dio indicios que “El soborno ciega los ojos del sabio”. Así, ya no me importa si la verdad es lo que es; es más, sólo me importa la meta que deseo en este momento, durante el tejido del atuendo de amor. En ese estado, tengo una línea de decisoria en el medio, es decir, es la meta la que define entre derecha e izquierda. Y una vez que he adquirido las vestimentas mencionadas, de pronto empiezan a brillar chispas de amor dentro de mí. El corazón comienza a anhelar unirse con mis amigos, y me parece que mis ojos ven a mis amigos, mis oídos escuchan sus voces, mi boca les habla, las manos abrazan, los pies bailan con alegría y amor junto a ellos, en la ronda, y trasciendo mis límites corporales. Olvido la vasta distancia entre mis amigos y yo, y la tierra extendida a mucha distancia no se interpondrá entre nosotros. Es como si mis amigos estuvieran situados justo dentro de mi corazón y vieran que todo lo que sucede allí, y yo me avergüenzo de mis insignificantes actos contra mis amigos. Entonces, simplemente salgo de mis vasijas corporales, al parecerme que no hay realidad en el mundo excepto mis amigos y yo. Después de eso, incluso el “Yo” es anulado, sumergido, e incluido en mis amigos hasta que me pongo de pie y declaro, que no hay otra realidad en el mundo −solo los amigos. Debo ser breve, pues el día de fiesta se aproxima.

Tu amigo,

Baruj Shalom HaLevi