Rav Yehuda Ashlag (1884-1954), conocido como Ba’al HaSulam (El dueño de la escalera, llamado así por el comentario «Escalera» que escribió en el libro del «Zóhar». La fuente principal de la Sabiduría de la Cabalá), quien es considerado el cabalista de mayor renombre de nuestra generación. Previo a su llegada, la sabiduría de la Cabalá se estudió en ocultación durante los 2000 años del exilio judío. Se transmitió de maestro a estudiante, en pequeños grupos, esperando el momento, cuando la humanidad llegará a un callejón sin salida. Cuando no haya ningún otro lugar hacia donde desarrollarse, y tengamos que realizar un ascenso a un grado espiritual, una especie de salto evolutivo, el cual es posible implementar con la Sabiduría de la Cabalá.

Las Escrituras de la Cabalá fueron escritas en el idioma hebreo, pero no son accesibles para la persona común. Fueron escritos por cabalistas que alcanzaron la realidad espiritual. En las Escrituras, se describen fenómenos que tienen lugar en la realidad espiritual y no tienen nada que ver con lo que percibimos en nuestra realidad corporal.

La singularidad de Ba’al HaSulam es que reunió los principales escritos de la Cabalá, los organizó e interpretó de una manera que cualquier persona que desee, pueda estudiarlos e implementarlos. Los hizo accesibles para todas las personas, incluso si actualmente carecen de logros espirituales. Él realmente bajó la escalera espiritual hacia nuestra realidad. Por esto, él adaptó esta sabiduría para nuestra generación.

En sus escritos, Ba’al HaSulam explica, que lo único que la humanidad necesita para ascender en conciencia a un grado espiritual, es unirse como un solo hombre con un solo corazón, sobre todas las diferencias entre nosotros… «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Pero para alcanzar ese estado de interconexión mutua entre las personas de la humanidad, debemos aprender a hacerlo. El nuevo tipo de conexión que se establecerá entre nosotros, será ese mismo «dispositivo receptor» que nos permitirá percibir la realidad espiritual que actualmente está oculta ante nosotros.

Además de sus escritos, Ba’al HaSulam también compuso melodías para ayudar a sus estudiantes a conectarse en un sentimiento más emocional y profundo de la realidad espiritual que se representa en los escritos de la Cabalá.

En este link puedes escuchar las melodías cabalistas del Baal HaSulam http://bit.ly/2Z5vVSu

 

Rabí Baruj Shalom HaLeví Ashlag  (Rabash, 1907-1991), hijo y sucesor de Rabí Yehuda Leib HaLeví Ashlag (Baal HaSulam), a pesar de su alto nivel espiritual, fue un hombre humilde, y pasó su tiempo estudiando y escribiendo. Es difícil encontrar palabras para describir al menos una fracción de su enorme contribución a nuestra generación y a las futuras.

El linaje dorado

En muchos sentidos, Rabash fue el último de un «linaje dorado», el eslabón final de la cadena de los más grandes cabalistas. Ésta comenzó con Abraham el Patriarca y finalizó con Rabí Yehuda Ashlag y su hijo, el Rabash. El papel del Rabash es quizá el más significativo para nosotros, ya que nos conecta con todos aquellos grandes cabalistas. Con sus trabajos, él adaptó el método de la Cabalá para nuestra generación.

Aunque estaba en la cúspide de la escalera espiritual, Rabash se mantuvo muy bien conectado con la gente, que sólo quería saber si existía algo más elevado de lo que este mundo podía ofrecer. Debido a su alto nivel espiritual, comprendió por qué aquellos de nosotros que han estado viviendo hacia el final del siglo XX necesitaban descubrir el secreto de la vida. Pudo adaptar la sabiduría de la Cabalá en un lenguaje fácil, directo y apropiado para nuestra generación. Haciendo esto, nos introdujo en un mundo eterno y fascinante, y pavimentó el camino más seguro a través del cual podemos llegar allí.

Dejando el hogar

Cuando Baruj Ashlag tenía 13 años, su padre Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) decidió que llegó el momento de abandonar Polonia y dirigirse hacia Israel. Baal HaSulam esperaba encontrar más cabalistas en Israel que se unieran a él para diseminar la Cabalá, por lo que en 1921 dejó Varsovia y se trasladó a Jerusalén.

En Israel (Palestina en la época), Rabash fue ordenado como rabino por Rabí Abraham Isaac HaCohen Kuk, Gran Rabino de Israel, y por Rabí Jaim Sonnenfeld, el Gran Rabino de Jerusalén y líder espiritual y político de la comunidad ortodoxa de Israel. Rabash tenía sólo 17 años cuando fue ordenado como rabino.

Discípulo de su padre

Rabash sintió el deseo de descubrir el secreto de la vida desde muy joven y lo trató de descubrir con determinación. Su único deseo era llegar a ser estudiante de su padre -el más grande cabalista de nuestra generación-, siguiendo sus pasos y  profundizando en el estudio de la Cabalá. Sabía que nada excepto la Cabalá llenaría el deseo que ardía en su corazón.

Ciertamente, una vez que Rabash demostró que sus intenciones eran sinceras, Baal HaSulam le aceptó en el grupo de estudiantes. Para asistir a dichas clases, Rabash tenía que caminar varios kilómetros cada noche, desde la vieja ciudad de Jerusalén hasta la casa de su padre en el barrio de Givat Shaul. En su camino, él tenía que pasar a escondidas a través de las barreras de las fuerzas militares británicas que formaban parte del mandato británico (1922-1948) que gobernaba en Israel.

A pesar de las duras condiciones en que se hallaba Jerusalén a principios de 1930, Baruj Ashlag tenía un fuerte deseo por seguir el camino de su progenitor, y nunca faltó a ninguna clase ni evento que éste impartiera. Permaneció unido al lado de él, acompañándole en todos sus viajes, tomando sus apuntes y sirviéndole de cualquier forma posible.

Con el tiempo, Baruj llegó a ser el estudiante más cercano de Baal HaSulam y comenzó a estudiar de manera sistemática aparte con él. Su padre le enseñó El Estudio de las Diez Sefirot y El Libro del Zohar, respondió las preguntas que le formulaba y le preparó para el papel que estaba a punto de emprender: diseminar la sabiduría de la Cabalá a las masas con el lenguaje más claro y más adecuado para nuestros tiempos.

Shamati

 Rabash, el estudiante aplicado, escribió todo lo que había escuchado de su padre en un cuaderno llamado Shamati (yo escuché). Reunió miles de notas documentando las explicaciones de Baal HaSulam sobre el trabajo espiritual de una persona. En su lecho de muerte, Rabash legó el cuaderno a su estudiante y asistente personal, el Rav Michael Laitman, quien más tarde lo publicó como un libro titulado de igual forma.

Por más de 30 años, Rabash fue el estudiante y asistente personal de su padre, de quien durante todo ese período absorbió las enseñanzas y su espíritu de amor hacia la nación de Israel y el mundo entero. Llegó a entender que sólo alcanzaremos la completa redención si diseminamos la sabiduría de la Cabalá en la nación y en el mundo entero. Años más tarde, los estudiantes del Rabash afirmaron que este espíritu había sido su «sello distintivo» a lo largo de toda su vida, el mensaje esencial que había legado a sus estudiantes.

Conectado con el mundo, aislado de él

 Como su padre antes, Rabash no quería ser ensalzado como cabalista. Él rechazó cargos oficiales que le fueron ofrecidos. En lugar de ser reverenciado y ser líder de muchos, Rabash dedicó la totalidad de su tiempo y esfuerzos al trabajo interno y a preparar a estudiantes de Cabalá. Ellos diseminaban la sabiduría de la Cabalá y continuaban por el camino de Baal HaSulam con sinceridad.

Internamente, Rabash estaba conectado con el mundo entero. Externamente, sin embargo, era un hombre apartado. Su viuda, Feiga Ashlag, dice que «Ni siquiera nuestros vecinos sabían que él estaba enseñando la sabiduría de lo oculto».

Pero a pesar de su modestia, aquellos que realmente buscaban, encontraron su camino junto al Rabash. Su principal estudiante y asistente personal por más de una década, el Rav Michael Laitman, dice que entre quienes se acercaban a él estaban renombrados rabinos que discretamente iban a la casa del Rabash para estudiar la sabiduría de la Cabalá.

En su trabajo con nuevos estudiantes, Rabash desarrolló su método único y contemporáneo. Escribió artículos semanales en los que describió en palabras sencillas cada fase del trabajo interno de una persona a través del camino de la espiritualidad. En ese sentido, él nos confió un verdadero tesoro, un método completo y probado que puede hacer que cada persona logre percibir el mundo espiritual.

Estos artículos semanales fueron agrupados y recopilados dentro de una serie de libros llamados Shlavey HaSulam (Peldaños de la Escalera). Rabash dejó tras de sí muchos grupos de estudiantes en Israel y en más lugares del mundo. Estos grupos continúan estudiando sus libros y los de Baal HaSulam. Rabash tuvo éxito donde otros no lo tuvieron, al presentarnos la mejor manera de descubrir el aspecto más profundo de la realidad: el Mundo Superior.

Bnei Baruj
 

Sólo a través de la diseminación de la sabiduría de la Cabalá a las masas obtendremos la completa redención

«.Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam), «
«Introducción al libro El Árbol de la Vida»

Después del fallecimiento del Rabash en 1991, su principal estudiante y asistente personal, el Rav Michael Laitman, estableció un grupo de cabalistas que llamó «Bnei Baruj» (Hijos de Baruj). El objetivo del grupo es continuar por el camino del Rabash y diseminar su método a las masas.

Bnei Baruj ahora se ha convertido en un movimiento internacional con cientos de miles de estudiantes en Israel y en todo el mundo. Estos estudiantes estudian Cabalá de fuentes auténticas y diseminan de forma gratuita esta sabiduría a todo el que desee aprenderla.

Rabí Baruj Shalom HaLeví Ashlag fue único. Fue un cabalista oculto cuya vocación fue educar a una nueva generación de cabalistas creando un nuevo método espiritual que fuera apropiado para estudiantes contemporáneos. Estaba convencido de que si podía adaptar el método de la Cabalá a nuestra época, sería su mayor contribución a la humanidad.

Rabí Ashlag quería promover un futuro más brillante para todo el mundo, y tuvo éxito. Todo lo que necesitamos hacer es usar este método seguro que él desarrolló. Cuando lo hagamos seremos recompensados con la revelación de la completa, verdadera y eterna realidad, descubierta por cada cabalista a través de las generaciones.