Lo escuché en 1943

Se sabe que hay un camino de la derecha y un camino de la izquierda. “Derecha” viene de la palabra (hebrea) “la derecha” y se refiere al versículo: “Y él creyó en el Señor”. El Targum dice “derecha” cuando el Rav le dice al discípulo que tome el camino de la derecha.

La derecha normalmente recibe el nombre de “plenitud”; y la izquierda “incompleto”, pues aún faltan ahí correcciones. En ese estado el discípulo debe creer las palabras de su Rav, quien le indica que camine por la línea de la derecha, llamada “plenitud”.

¿Y qué es esta “plenitud” por la cual debe andar el discípulo? Es que uno debe imaginarse que ya ha sido recompensado con la fe completa en el Creador, y que ya siente en sus órganos que el Creador gobierna al mundo a nivel de “bueno y benefactor”, es decir, que el mundo entero recibe de Él  solamente el bien.

Pero cuando uno se observa a sí mismo, descubre que es pobre y despojado de todo. Es más, al contemplar el mundo, ve que el mundo entero está atormentado, cada cual de acuerdo a su grado.

Uno debería decir al respecto: “Ellos tienen ojos y no ven”. Quiere decir que en la medida en que uno esté bajo el dominio de múltiples autoridades, designadas ellos, no pueden vislumbrar la verdad. ¿A qué se refiere con “múltiples autoridades”? Que uno posee dos deseos: aunque cree que el mundo entero le pertenece al Creador, también cree que algo le pertenece al hombre, que en realidad uno debe anular su propia autoridad frente a la autoridad del Creador, y decir que no desea vivir para sí mismo, y que la única razón por la que desea existir es para satisfacer al Creador. De este modo, anula su propia autoridad por completo, y así pasa a encontrarse bajo el dominio de una sola autoridad: la autoridad del Creador. Solo entonces puede uno vislumbrar la verdad, cómo el Creador gobierna el mundo con la cualidad de bondad y benevolencia.

Pero mientras uno se encuentre bajo el dominio de múltiples autoridades, es decir, mientras todavía posea dos deseos, uno en su mente y otro en su corazón, será incapaz de ver la verdad. En lugar de eso, debe elevarse por encima de la razón y decir “ellos tienen ojos” pero no ven la verdad.

De esto se desprende que, cuando uno se observa a sí mismo y desea saber si en ese momento está pasando por un descenso o un ascenso, tampoco puede saberlo. Quiere decir que uno puede pensar que se encuentra en un estado de descenso, y esto también es incorrecto, porque en ese momento podría encontrarse en un estado de ascenso, esto es, observando su verdadero estado y lo lejos que se encuentra de la sagrada labor. Y de este modo, uno está más cerca de la verdad.

Y podría suceder lo contrario, es decir, que ahora se sienta en un estado de júbilo, cuando de hecho está bajo el dominio de la recepción para sí mismo, lo cual llamamos “descenso”.

Solamente quien ya se encuentre bajo una única autoridad puede discernir y conocer la verdad. Por lo tanto, uno debe confiar en la opinión de su Rav y creer lo que su Rav le dice. Esto significa que uno debe andar como su Rav le indica.

Y aunque uno encuentre todo tipo de argumentos, y vea que haya muchas otras enseñanzas que no vayan de la mano con el punto de vista de su Rav, en cualquier caso, deberá confiar en la opinión de su Rav y decir sobre  aquello que ve en otros libros que no coinciden con la opinión de su Rav, que puesto que se encuentre bajo el dominio de múltiples autoridades, no conseguirá comprender la verdad. Uno no puede ver lo que está escrito en otros libros, la verdad que quieren mostrar.

Es sabido que cuando uno aún no se ha purificado, su Torá se convierte para él en “Poción de la Muerte”.

¿Y por qué dice que “Sin el logro espiritual, su Torá se convierte para él en la Poción de la Muerte”? Esto se debe a que todas las enseñanzas que uno aprende u oye no le traerán el beneficio de ser impartido con el discernimiento de la vida, que es Dvekut (adhesión) con la Vida de las Vidas. Por el contrario, constantemente uno es arrastrado más lejos de la Vida de las Vidas, ya que todo lo que hace solo responde a los requerimientos del cuerpo, lo cual recibe el nombre de “recibir para sí mimo” que, a su vez, es considerado separación.

Esto significa que a través de sus actos, uno se aleja más de la Vida de las Vidas; y esto recibe el nombre de “Poción de la Muerte”, porque le lleva hacia la muerte y no hacia la vida. Significa que uno se aleja aún más del otorgamiento, que es llamado “equivalencia de forma con el Creador”, según la máxima: “Así como Él es Misericordioso, tú has de ser misericordioso”.

También debemos saber que, cuando uno se dedica a la derecha, es el tiempo correcto para extraer la Abundancia superior, porque “lo bendito se adhiere a lo bendito”. En otras palabras, dado que uno se encuentra en un estado de plenitud llamado “bendito”, en ese aspecto se encuentra en equivalencia de forma, pues la señal de plenitud se manifiesta cuando uno está en estado de alegría. De lo contrario, no hay plenitud.

Tal como dijeron nuestros sabios: “La Shejiná (Divinidad) solo permanece mediante el regocijo de la Mitzvá”. Significa que la razón de que uno tenga alegría es la Mitzvá, esto es, el Rav le había ordenado tomar el camino de la derecha.

Resulta que uno observa los mandamientos del Rav, pues se le ha asignado un determinado tiempo para andar por la derecha, y otro determinado tiempo para andar por la izquierda. La izquierda contradice a la derecha, ya que “izquierda” se refiere a cuando uno realiza cálculos para sí mismo y comienza a analizar lo que ha adquirido a través del trabajo de Dios, y ve que es pobre y despojado de todo. Entonces, ¿cómo puede sentirse pleno?

Aun así, uno asciende por encima de la razón debido a la orden del Rav. De esto se desprende que toda la plenitud fue construida mediante “por encima de la razón”, y esto recibe el nombre de “fe”. Este es el sentido de “En todo lugar donde Yo haga recordar Mi Nombre, vendré a ti y te bendeciré”. “En todo lugar” significa que, aunque uno aún no merezca recibir una bendición, de todas formas, “Yo di mi bendición, porque tú creas un lugar, que es un lugar de regocijo, en el cual la Luz superior puede morar”.

 

Recientemente la naturaleza nos ha enviado imponentes advertencias de su inmenso poder.

Dos serios terremotos –los más fuertes en décadas– sacudieron el sur de California días atrás. Una tormenta extrema de granizo golpeó México. Mientras tanto, Alaska experimentó temperaturas récord en verano y gran parte de Europa atravesó una ola de calor sin precedentes provocando incendios forestales y alertas sanitarias de emergencia.

Si bien los humanos nos sentimos impotentes ante estas adversidades, es precisamente en el nivel humano –el más grande e influyente dentro de todo el sistema de la naturaleza– donde es posible lograr un equilibrio en el planeta. ¿Cómo? Mejorando la calidad de las relaciones humanas. Tendría un impacto mucho más positivo sobre nuestro planeta que los acuerdos climáticos y las campañas ecológicas.

La retirada de Estados Unidos del Acuerdo Climático de París ha sido criticada por la comunidad internacional que sostiene que esa acción desoye la extrema urgencia de abordar el problema del cambio climático.

Pero estoy de acuerdo con el presidente Trump en que purificar el ecosistema no es el quid de la cuestión, aunque son muchos los que creen que esa puede ser la panacea. Se han asignado miles de millones de dólares para llevar a cabo medidas que no tendrán ningún efecto positivo en la ecología. Más bien, esos fondos deberían destinarse a una educación que nos ayude a establecer relaciones más armoniosas entre las personas: eso es lo que nos llevaría a un mundo mejor en todos los aspectos.

¿Cómo es posible que una mejora en las relaciones humanas pueda tener un efecto positivo en la ecología? Podremos entenderlo si observamos brevemente los cuatro niveles de la naturaleza: inerte, vegetal, animal y humano. Cada nivel inmediatamente superior es más poderoso que el anterior y controla el nivel que hay por debajo de él. Por lo tanto, que la naturaleza en su conjunto vire hacia un desarrollo positivo solo puede lograrse desde el nivel más desarrollado y significativo de todos: el nivel humano. Por el momento, los impactos humanos en el sistema son negativos, pero pueden transformarse en positivos. Debemos entender que modificar el sistema de la naturaleza no se lleva a cabo como comúnmente se piensa, esto es, con acciones para preservar el equilibrio ecológico, ya sea salvando árboles o ciertas especies animales, frenando la contaminación de los océanos o del aire, y otras tantas medidas que podríamos idear para tratar de ser más amables con el medio ambiente. Ninguna de estas acciones ayudará al medio ambiente porque no atacan la causa fundamental del problema.

¿Dónde está entonces la raíz del problema ecológico? El problema está en los seres humanos. Para ser más precisos, está en cómo nos relacionamos unos con otros.

Debido a nuestro inherente ego humano –nuestro deseo de beneficiarnos a costa de los demás– pasamos por encima de todos y de todo, incluida la naturaleza, con tal de beneficiarnos. Por lo tanto, si queremos llegar a un nuevo nivel de equilibrio ecológico, en lo único que debemos centrarnos es en reparar nuestras conexiones a nivel humano.

Incluso si mañana mismo toda la humanidad dejara de contaminar, dejara de quemar combustibles fósiles o evitara el uso de pesticidas, continuaríamos presenciando desastres naturales en todas partes porque, por encima de todos los niveles de la naturaleza, las relaciones humanas, que son el aspecto más influyente en la naturaleza, seguirían estando rotas. Nuestras relaciones –basadas en la explotación, la manipulación y el abuso entre personas– seguirán causando un efecto negativo en todos los niveles de la naturaleza. Seguirán creando un círculo de retroalimentación negativa que se volverá sobre nosotros como reacción de la naturaleza al factor humano.

Si, por el contrario, lográramos establecer unas conexiones emocionales positivas para lograr un equilibrio entre nosotros y la naturaleza, ¿tendríamos que poner en práctica paralelamente las medidas ecológicas que se nos recomiendan?

Puede sonar sorprendente, pero la respuesta es no. ¿Por qué? Porque la propia naturaleza, desde un nivel superior, se encargaría de equilibrar todos estos fenómenos. El principio es el siguiente: el nivel superior que rige la naturaleza es capaz de corregir todas las corrupciones de los niveles inferiores. En la sabiduría de la Cabalá, este principio es llamado “el amor cubre todas las transgresiones”.

Actualmente tenemos actitudes tóxicas hacia los demás: nos relacionamos sistemáticamente a través de un prisma egoísta –beneficio propio a expensas de los demás– y por eso no podemos reparar nada en los niveles inerte, vegetal o animal porque simplemente introducimos nuestra actitud egoísta en el sistema y eso regresa a nosotros en forma negativa. Centrarnos exclusivamente en el nivel humano ­–conseguir unas conexiones humanas positivas– activará el cambio más inmediato y dinámico: en cuanto demos un cambio a positivo en las relaciones humanas, inmediatamente los niveles más bajos de la naturaleza experimentarán los efectos beneficiosos.

¿Cuán rápido y hasta qué punto debemos activarnos para salvar al planeta y a nosotros mismos? ¿Necesitamos todos alcanzar unas relaciones armoniosas de inmediato? ¿O basta con que tengamos una inclinación hacia las conexiones positivas? Con solamente empezar a moverme hacia la meta de “ama a los demás como a ti mismo”, por muy inalcanzable que parezca, tan solo dando el primer paso hacia ello, ya estoy propiciando un cambio en todo el sistema de la naturaleza. ¿Por qué? Porque mi actitud ha cambiado.

Si cambio mi actitud hacia la naturaleza, es decir, si deseo relacionarme global e integralmente con ella, como con un sistema unitario, con una actitud de atención y preocupación, entonces, aunque parezca que solo estoy fomentando esa nueva dirección, también estoy activando todo el sistema y dirigiéndolo hacia la unificación positiva. No se nos pide más que eso.

Solo tenemos que ocuparnos de las relaciones humanas. Los niveles inferiores de la naturaleza se ajustarán y se equilibrarán junto con nosotros cuando armonicemos las conexiones entre seres humanos. En suma, lo único que necesitamos es una educación y unas influencias que nos lleven a lograr unas conexiones humanas positivas. Y de ese modo podremos disfrutar de una vida en armonía con todo el sistema de la naturaleza.

Artículo de Michael Laitman.
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Lo escuché el 7 de Shvat, 18 de enero de 1948, en Tel Aviv

El pensamiento es el resultado del deseo. Una persona reflexiona sobre lo que desea, y no piensa en lo que no desea. Por ejemplo, una persona jamás piensa en el día de su muerte. Por el contrario, siempre tenderá a contemplar su eternidad, ya que esto es lo que desea. Resulta que uno siempre tiende a pensar en aquello que se adapta a su voluntad. Sin embargo, el pensamiento cumple una función particular: intensifica el deseo. El deseo se hunde en su sitio; no tiene el poder de expandirse y de realizar su acción. Aun así, por medio del pensamiento y de la contemplación sobre algún asunto, provoca que el deseo le pida al pensamiento que le provea algún consejo o artimaña para cumplir ese deseo; de este modo el deseo crece, se expande y lleva a cabo su obra.

Resulta que el pensamiento está al servicio del deseo, y el deseo representa el objeto. Ahora, puede haber un objeto grande o pequeño. Un gran objeto tiende a dominar a los más pequeños.

A quien tiene un pequeño objeto y no posee dominio alguno, se le aconseja incrementarlo persistiendo en el pensamiento sobre el deseo, ya que el pensamiento crece en la medida que uno piense en él.

Y de este modo, podemos decir que “él medita en Su ley día y noche”; pues al persistir en ello, alcanza un gran objeto hasta convertirse en el verdadero dominador.

 

Lo escuché el 26 de Shavat, 16 de febrero de 1947

La hoja hace referencia a la sombra que esta proyecta al estar sobre la luz, es decir, sobre el sol. Existen dos tipos de sombras: una proviene del lado de Kedushá (Santidad), y la otra, surge como consecuencia del pecado.

Así, vemos que hay dos tipos de ocultamiento de la Luz. Del mismo modo que la sombra oculta al sol en el mundo físico, existe ocultamiento de la Luz superior, llamado “sol”, y que proviene del lado de la Kedushá (Santidad), concretamente como consecuencia de una elección, similar a lo que está escrito acerca de Moisés: “Y Moisés ocultó su rostro, pues temía mirar”.

La sombra aparece como consecuencia del temor, y el temor implica que uno teme recibir la abundancia y no ser capaz de dirigirse con el fin de otorgar. El resultado de esto es que la sombra llega  a raíz de la Kedushá, es decir, porque uno desea estar adherido al Creador.

En otras palabras, Dvekut (adhesión) recibe el nombre de “otorgamiento”; y uno teme no ser capaz de otorgar. Entonces vemos que uno se encuentra adherido a la Kedushá, y esto recibe el nombre de “una sombra que viene del lado de Kedushá”.

También existe una sombra que surge como consecuencia de un pecado. Quiere decir que el ocultamiento llega a uno, no porque no desea recibir sino al contrario, porque uno quiere recibir para recibir. Por esto la Luz parte, ya que toda la diferencia entre Kedushá y Klipá (cáscara) radica en que la Kedushá desea otorgar, mientras que la Klipá solo desea recibir y no otorgar en lo más mínimo. Por eso se considera que esta sombra proviene del lado de la Klipá.

No hay otro modo de salir de ese estado, excepto conforme a lo que está escrito: “y cosieron hoja de higuera y se hicieron cinturones”, que “cinturones” se refiere a las fuerzas del cuerpo que se juntaron en forma de sombra de Kedushá. Significa que, aunque ahora no tengan Luz, dado que la abundancia partió como consecuencia del pecado, aún así se sobreponen a esto sirviendo al Creador por mera fuerza, por encima de la razón, lo cual es llamado “fuerza”.

Está escrito: “Y oyeron la voz del Señor…, y el hombre y su mujer se escondieron”. Es decir, entraron en la sombra. Este es el significado de “y Moisés ocultó su rostro”, esto es que Adam HaRishón (El Primer Hombre) hizo lo mismo que Moisés.

“Y le dijo: ‘¿Dónde estás?’ y él respondió: ‘Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí’“. “Desnudo” significa desprovisto de la Luz superior.

El Creador preguntó la razón por la cual se había adentrado en la sombra, lo cual se denomina “Y me escondí”… porque estaba desnudo”. ¿Se debe a la sombra de Kedushá o a causa del pecado? El Creador le preguntó: “¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras?”, es decir, como consecuencia de un pecado.

Pero cuando la sombra viene por causa de un pecado, recibe el nombre de “imágenes, ídolos y hechiceros”, lo cual es “Dios ha creado e”. Esto se debe a que existen fuerzas en Kedushá para realizar cambios y para enseñar señales y presagios; y también hay fuerzas en la Sitra Ajra. Y este es el motivo por el cual los justos no utilizan estas fuerzas, debido a “estos frente  a los otros”, para no fortalecer a la fuerza de Sitra Ajra y hacer lo que ellos hicieron.

Solo en ocasiones excepcionales el Creador no le da a la Sitra Ajra la misma fuerza que hay en Kedushá. Como el caso de Elías en el Monte Carmel, que dijo: “Contéstame, para que no digan que es hechicería”, es decir, que hay la fuerza para el ocultamiento de la Luz superior.

Por lo tanto, son cinturones que provienen de la hoja de higuera, que resulta del pecado del Árbol del Conocimiento. Estas hojas, es decir, esta sombra que aparece debido al pecado, dado que la causa no es del lado de Kedushá, que ellas escogen estar a la sombra por sí mismas, pero se apropian de la sombra ya que no tienen otro consejo; esto puede servir solo para salir del estado de descenso. No obstante, después el trabajo debe volver a comenzar desde el principio.

Rabí Baruj Shalom HaLeví Ashlag  (Rabash, 1907-1991), hijo y sucesor de Rabí Yehuda Leib HaLeví Ashlag (Baal HaSulam), a pesar de su alto nivel espiritual, fue un hombre humilde, y pasó su tiempo estudiando y escribiendo. Es difícil encontrar palabras para describir al menos una fracción de su enorme contribución a nuestra generación y a las futuras.

El linaje dorado

En muchos sentidos, Rabash fue el último de un «linaje dorado», el eslabón final de la cadena de los más grandes cabalistas. Ésta comenzó con Abraham el Patriarca y finalizó con Rabí Yehuda Ashlag y su hijo, el Rabash. El papel del Rabash es quizá el más significativo para nosotros, ya que nos conecta con todos aquellos grandes cabalistas. Con sus trabajos, él adaptó el método de la Cabalá para nuestra generación.

Aunque estaba en la cúspide de la escalera espiritual, Rabash se mantuvo muy bien conectado con la gente, que sólo quería saber si existía algo más elevado de lo que este mundo podía ofrecer. Debido a su alto nivel espiritual, comprendió por qué aquellos de nosotros que han estado viviendo hacia el final del siglo XX necesitaban descubrir el secreto de la vida. Pudo adaptar la sabiduría de la Cabalá en un lenguaje fácil, directo y apropiado para nuestra generación. Haciendo esto, nos introdujo en un mundo eterno y fascinante, y pavimentó el camino más seguro a través del cual podemos llegar allí.

Dejando el hogar

Cuando Baruj Ashlag tenía 13 años, su padre Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) decidió que llegó el momento de abandonar Polonia y dirigirse hacia Israel. Baal HaSulam esperaba encontrar más cabalistas en Israel que se unieran a él para diseminar la Cabalá, por lo que en 1921 dejó Varsovia y se trasladó a Jerusalén.

En Israel (Palestina en la época), Rabash fue ordenado como rabino por Rabí Abraham Isaac HaCohen Kuk, Gran Rabino de Israel, y por Rabí Jaim Sonnenfeld, el Gran Rabino de Jerusalén y líder espiritual y político de la comunidad ortodoxa de Israel. Rabash tenía sólo 17 años cuando fue ordenado como rabino.

Discípulo de su padre

Rabash sintió el deseo de descubrir el secreto de la vida desde muy joven y lo trató de descubrir con determinación. Su único deseo era llegar a ser estudiante de su padre -el más grande cabalista de nuestra generación-, siguiendo sus pasos y  profundizando en el estudio de la Cabalá. Sabía que nada excepto la Cabalá llenaría el deseo que ardía en su corazón.

Ciertamente, una vez que Rabash demostró que sus intenciones eran sinceras, Baal HaSulam le aceptó en el grupo de estudiantes. Para asistir a dichas clases, Rabash tenía que caminar varios kilómetros cada noche, desde la vieja ciudad de Jerusalén hasta la casa de su padre en el barrio de Givat Shaul. En su camino, él tenía que pasar a escondidas a través de las barreras de las fuerzas militares británicas que formaban parte del mandato británico (1922-1948) que gobernaba en Israel.

A pesar de las duras condiciones en que se hallaba Jerusalén a principios de 1930, Baruj Ashlag tenía un fuerte deseo por seguir el camino de su progenitor, y nunca faltó a ninguna clase ni evento que éste impartiera. Permaneció unido al lado de él, acompañándole en todos sus viajes, tomando sus apuntes y sirviéndole de cualquier forma posible.

Con el tiempo, Baruj llegó a ser el estudiante más cercano de Baal HaSulam y comenzó a estudiar de manera sistemática aparte con él. Su padre le enseñó El Estudio de las Diez Sefirot y El Libro del Zohar, respondió las preguntas que le formulaba y le preparó para el papel que estaba a punto de emprender: diseminar la sabiduría de la Cabalá a las masas con el lenguaje más claro y más adecuado para nuestros tiempos.

Shamati

 Rabash, el estudiante aplicado, escribió todo lo que había escuchado de su padre en un cuaderno llamado Shamati (yo escuché). Reunió miles de notas documentando las explicaciones de Baal HaSulam sobre el trabajo espiritual de una persona. En su lecho de muerte, Rabash legó el cuaderno a su estudiante y asistente personal, el Rav Michael Laitman, quien más tarde lo publicó como un libro titulado de igual forma.

Por más de 30 años, Rabash fue el estudiante y asistente personal de su padre, de quien durante todo ese período absorbió las enseñanzas y su espíritu de amor hacia la nación de Israel y el mundo entero. Llegó a entender que sólo alcanzaremos la completa redención si diseminamos la sabiduría de la Cabalá en la nación y en el mundo entero. Años más tarde, los estudiantes del Rabash afirmaron que este espíritu había sido su «sello distintivo» a lo largo de toda su vida, el mensaje esencial que había legado a sus estudiantes.

Conectado con el mundo, aislado de él

 Como su padre antes, Rabash no quería ser ensalzado como cabalista. Él rechazó cargos oficiales que le fueron ofrecidos. En lugar de ser reverenciado y ser líder de muchos, Rabash dedicó la totalidad de su tiempo y esfuerzos al trabajo interno y a preparar a estudiantes de Cabalá. Ellos diseminaban la sabiduría de la Cabalá y continuaban por el camino de Baal HaSulam con sinceridad.

Internamente, Rabash estaba conectado con el mundo entero. Externamente, sin embargo, era un hombre apartado. Su viuda, Feiga Ashlag, dice que «Ni siquiera nuestros vecinos sabían que él estaba enseñando la sabiduría de lo oculto».

Pero a pesar de su modestia, aquellos que realmente buscaban, encontraron su camino junto al Rabash. Su principal estudiante y asistente personal por más de una década, el Rav Michael Laitman, dice que entre quienes se acercaban a él estaban renombrados rabinos que discretamente iban a la casa del Rabash para estudiar la sabiduría de la Cabalá.

En su trabajo con nuevos estudiantes, Rabash desarrolló su método único y contemporáneo. Escribió artículos semanales en los que describió en palabras sencillas cada fase del trabajo interno de una persona a través del camino de la espiritualidad. En ese sentido, él nos confió un verdadero tesoro, un método completo y probado que puede hacer que cada persona logre percibir el mundo espiritual.

Estos artículos semanales fueron agrupados y recopilados dentro de una serie de libros llamados Shlavey HaSulam (Peldaños de la Escalera). Rabash dejó tras de sí muchos grupos de estudiantes en Israel y en más lugares del mundo. Estos grupos continúan estudiando sus libros y los de Baal HaSulam. Rabash tuvo éxito donde otros no lo tuvieron, al presentarnos la mejor manera de descubrir el aspecto más profundo de la realidad: el Mundo Superior.

Bnei Baruj
 

Sólo a través de la diseminación de la sabiduría de la Cabalá a las masas obtendremos la completa redención

«.Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam), «
«Introducción al libro El Árbol de la Vida»

Después del fallecimiento del Rabash en 1991, su principal estudiante y asistente personal, el Rav Michael Laitman, estableció un grupo de cabalistas que llamó «Bnei Baruj» (Hijos de Baruj). El objetivo del grupo es continuar por el camino del Rabash y diseminar su método a las masas.

Bnei Baruj ahora se ha convertido en un movimiento internacional con cientos de miles de estudiantes en Israel y en todo el mundo. Estos estudiantes estudian Cabalá de fuentes auténticas y diseminan de forma gratuita esta sabiduría a todo el que desee aprenderla.

Rabí Baruj Shalom HaLeví Ashlag fue único. Fue un cabalista oculto cuya vocación fue educar a una nueva generación de cabalistas creando un nuevo método espiritual que fuera apropiado para estudiantes contemporáneos. Estaba convencido de que si podía adaptar el método de la Cabalá a nuestra época, sería su mayor contribución a la humanidad.

Rabí Ashlag quería promover un futuro más brillante para todo el mundo, y tuvo éxito. Todo lo que necesitamos hacer es usar este método seguro que él desarrolló. Cuando lo hagamos seremos recompensados con la revelación de la completa, verdadera y eterna realidad, descubierta por cada cabalista a través de las generaciones.

La virtud en el Libro del Zóhar

Se encuentra en él una virtud majestuosa, que todos los que se ocupan de ella, a pesar de no entender aun lo escrito, se purifican con ella y acercan las Luces superiores.

Baal HaSulam, artículo “La teoría de la Cabalá y su esencia”

 

Pregunta: No tengo bien claro cómo actúa  exactamente  esta virtud que está oculta en el Libro del Zóhar…

En nuestro estado presente es difícil entenderlo, y por eso es que se le llama “virtud”.

Me dicen: “Si saltas diez veces en el mismo sitio, se prenderá la lámpara que está en la pared”. Yo realmente no sé cuál es la relación de las cosas. Es muy posible que hayan puesto bajo el piso un intermitente y contador que causan que la lámpara se encienda después de diez saltos, pero yo no lo sé. Supuestamente hay una relación, pero está oculta para mí. Una relación oculta de este tipo se conoce en la Cabalá como “Segulá” (virtud).

Es decir que la “virtud” es una ley que existe en la naturaleza, pero yo no la conozco aun. Aquellos que ya se han investigado a sí mismos y a esta ley, me dicen: “si la usas de esta y esta forma, la activarás. No lo ves, pero así la activas”.

Si llegara a nuestro mundo una criatura de otro mundo, ésta miraría a un bebé y a un ternero recién nacido, y diría que el ternero crecerá y de él saldrá algo grande como Napoleón, mientras que del bebé saldrá diminuto e impotente como una rana. Pero nosotros sabemos que si les damos a los dos lo que necesitan para su desarrollo, de uno saldrá un animal y del otro un humano. ¡Esto es un milagro, una virtud! Es que nosotros, simplemente, estamos acostumbrados a que esto es lo que sucede, pero en realidad esto es un milagro.

El pequeño bebé de pronto comienza a entender, a reaccionar y a realizar todo tipo de acciones. Día tras día aparecen en él nuevas costumbres. ¿Cómo sucede esto? Nosotros no hemos hecho nada. Nos acostumbramos a que hay un proceso de desarrollo, pero en realidad ésta es la revelación de la fuerza de la vida, la fuerza espiritual que obra en el creado y se manifiesta de esta forma.

Así también ocurre con nuestro desarrollo espiritual, ya que las leyes de este desarrollo no son excepcionales; es que este desarrollo está aun oculto, no estamos acostumbrados a él. Pero no está lejos el día en el que las personas usarán estas leyes exactamente como usan el resto de las leyes de la naturaleza.

Los cabalistas nos dicen: “en la naturaleza hay una fuerza, que podemos invocar su efecto. ¿Cómo? Toma el Libro del Zóhar, y cuanto más leas en él, así te convertirás más fuerte, sabio y sensible. Gracias a esto se revelará para ti la espiritualidad.

¿Por qué? Porque este libro tiene la capacidad de cambiarte. Pero hay muchos libros que me cambian.

“Cierto. Pero otros libros sólo ordenan tus tendencias, tus cualidades, tus fundamentos. Ellos solamente organizan tu sistema interior y lo desarrollan, mientras que el Libro del Zóhar y el resto de los escritos cabalísticos realizan en ti un cambio especial, ¡ya que por medio de ellos invocas la influencia superior sobre ti! Como resultado de ésta, comienzas a captar, sentir y revelar dentro de ti otro sistema, con el cual descubres un mundo nuevo, el mundo espiritual”.

 

El mundo de los deseos

La persona que está en la oscuridad y ésta siempre ha sido su morada, cuando se desea alumbrarle, hay que abrirle primero una luz pequeña, como el ojo de la aguja. Y así, cada vez más, hasta que se le ilumina toda la Luz como es debido.

Zóhar para todos, Parashat VaYishlaj, punto 91

 

Pregunta: Si yo escucho que todo está en mi interior, dentro de mí, ¿cómo debo referirme a los que me rodean? ¿Cómo debo ver al mundo? ¿Cómo referirme a mi gente querida,   a mis enemigos, y en general – a todo lo que sucede a mi alrededor?

Tenemos que entender que está lo existente y está lo deseable. Lo existente es lo que sentimos. Lo deseable, es lo que se revelará en el futuro, en nuestros estados corregidos.

Mientras tanto, sólo estudiamos que existe una realidad distinta, en la que todo se percibe por dentro. Por ahora, todo esto no es real para nosotros, y es posible que todo lo que nos imaginamos como una imagen futura, no sea en absoluto como lo imaginamos.

No tenemos la menor idea cómo cambiará nuestra vida cuando descubramos esta imagen. No es que nuestro mundo cambiará de alguna forma, sino que un nuevo mundo se revelará ante nosotros. Por lo tanto, cuando leemos en el Libro del Zóhar, debemos desconectarnos de todo lo que conocemos, y tratar de sumergirnos en él, entrar en su interior. Ahora no podemos estar en los dos mundos a la vez. Mientras tanto, podemos estar sólo en uno de los mundos.

Es por eso que nos desconectamos de esta realidad material e intentamos construir una imagen diferente, como un niño que quiere crecer. Él quiere ser grande en todo – en su forma de vestir, su comportamiento, a los ojos de los demás, quiere que todos lo traten como un adulto.

Así tenemos que describirnos a nosotros mismos, con todas las posibilidades que tengamos al alcance, en todas nuestras fantasías, que el Libro del Zóhar habla de nuestro nuevo mundo, en el cual nos encontramos. Es decir, este libro habla de nuestras cualidades internas, en las que nos encontramos y vemos una realidad distinta. Este juego nos lleva a la influencia de la Luz que reforma sobre nosotros, y el nuevo mundo se revela.

El nuevo mundo se revela, y el viejo desaparece, ¿y nosotros volamos al cielo? No. Nosotros descubrimos que vivimos dentro de nuestros deseos. Dos deseos

– el nuestro y el del Creador – se revelan dentro de nosotros en oposición uno al otro. Los sentimos y nos encontramos entre ellos como una línea media, como nuestro “yo”. Y fuera de esto no hay nada. Entre estas fuerzas – yo.

La diferencia entre la Torá y el Zóhar

Revelaré mis ojos y veré maravillas de tu Torá. Cuán tontos son los humanos, que no saben y no procuran dedicarse a la Torá, ya que la Torá es toda la vida, y toda la libertad, y todo lo bueno.

Zóhar para todos, Parashat Jayei Sara (La vida de Sara), punto 119

 

Pregunta: ¿Para qué necesitamos el Libro del Zóhar si tene- mos el libro de la Torá (Pentateuco)?

El Zóhar es la interpretación cabalística de la Torá. Moisés realmente escribió el fundamento, pero la Torá es un libro codificado. Tiene un único código, pero muy profundo – la Torá está escrita en el “lenguaje de las ramas”.[1] La sabiduría de la Cabalá explica el lenguaje de las ramas y ayuda a leer la Torá y comprender lo que realmente quiso decirnos Moisés.

Acostumbramos a referirnos a la Torá como a una narración histórica sobre las travesías de una tribu antigua. Pero la Cabalá nos permite ver a través de ésta, las raíces superiores, las fuerzas que despiertan acciones como estas en nuestro mundo. Mediante la Cabalá podemos subir al grado del sistema de las fuerzas que controla nuestro mundo, y de allí corregir y manejar la realidad.

La Torá sirvió de método de corrección para aquellas personas que vivieron en los tiempos de Moisés hasta la destrucción del templo que simbolizó la desconexión del mundo espiritual. Entonces se reveló que la Torá de Moisés está tan alejada de nosotros y nosotros no podemos corregirnos directamente mediante ella.[2]

La Torá es demasiado codificada, y no puede servir como guía para aquellas almas que cayeron a la mundanería. Esta caída creó la necesidad de otro estilo de guía. Entonces fue que se escribió el Libro del Zóhar. Solo que el Zóhar no fue escrito para personas que vivieron en aquellos días (comienzo de la diáspora) sino en nuestros días (finales de la diáspora).

 

¡Ay de aquel que dice que la Torá viene a contar cuentos en simpleza, y trivialidades de Esaú y Laban, etc! Porque si fuese así, incluso en este tiempo podemos hacer Torá con trivialidades, e incluso más lindas que estas. Y si la Torá indica asuntos del mundo, incluso los líderes del mundo tienen asuntos mejores. Entonces vayamos tras ellos y hagamos de ellos Ley, de esta misma forma. Sin embargo todas las palabras de la Torá tienen significados superiores.

El mundo superior y el mundo inferior son considerados con el mismo peso. Israel abajo corresponde a ángeles superiores arriba. Está escrito sobre los ángeles superiores: “¿Quién hace vientos de sus ángeles?”, y cuando ellos descienden abajo, se visten en vestiduras de este mundo. Y de no vestirse en vestidura como la de este mundo, no podrían tolerar este mundo, y este mundo no los toleraría a ellos.

Y si así es con los ángeles, es más aun con la ley que creó los ángeles y todos los mundos, y estos existen para ella. Cuando ésta bajó a este mundo, si no se hubiese vestido con las vestiduras de este mundo, que son los cuentos y palabrerías, el mundo no habría podido tolerarlo.

Por lo tanto, este cuento de la Torá es la vestidura de la Torá. Aquel que piensa que esa vestidura no es más que la propia Torá, maldecido será su espíritu y no tomará parte en el próximo mundo.

Por lo tanto, esta historia en la Torá es una vestimenta de la Torá. Y uno que considera esta vestimenta como la Torá real y nada más, maldecido será su espíritu y no tendrá parte en el mundo venidero.

Zóhar para todos, BeHaalotja (Cuando te elevas), puntos 58-60

***Este capítulo es apenas una degustación del Zóhar. Hemos tratado de acompañarles en la lectura de los fragmentos del Zóhar, para facilitarles la participa- ción en el estudio. En los apéndices de este libro podrán encontrar una recopilación de artículos elegidos del Zóhar y también una colección de citaciones de los más destacados de Israel sobre la importancia del estudio del Zóhar. Si desean profundizar más en las palabras de Baal HaSulam sobre la actitud res- pecto al Zóhar, podrán encontrar interés en el apéndice “Introducciones de Baal HaSulam al Libro del Zóhar”.

Aunque nos parezca al principio que no sentimos nada durante la lectura del Zóhar, después de diez clases a través de Internet, ya se puede sentir muy bien cómo actúa el Zóhar sobre nosotros.

La influencia del estudio del Zóhar es muy fuerte, y no depende en absoluto de nuestra medida de comprensión sino de nuestros esfuerzos por captar sobre qué habla el Zóhar. Hay que escuchar, simplemente, arder por dentro, querer sentir. Es la única forma de conocer el mundo – nuestro mundo y el mundo espiritual.

El Libro del Zóhar es una soga de salvación que nos fue lanzada por el Creador. Si nos agarramos del extremo de esta soga, podremos trepar hacia arriba hasta Ein-Sof.

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Cuan grande es tu bondad, la cual has reservado para los que te veneran.

Cuan grande es tu bondad, cuan sublime y preciosa es aquella Luz Superior llamada “bien”, como está escrito: Y vió el Creador que buena es la Luz.

Y esta es la Luz oculta con la que el Creador hace bien al mundo, y Él no la niega cada día, ella es la que sostiene el mundo y sobre ella se mantiene.

Zóhar para todos, Emor (Di), punto 3

 

Notas

[1] Los cabalistas estudian el mundo superior, que está fuera del alcance de la percepción del individuo egoísta. Según ellos, de todo objeto en el mundo espiritual, que se llama “raíz”, una fuerza se desprende y desciende a nuestro mundo y produce un objeto aquí, que se llama “rama”. En su artículo “La Esencia de la Sabiduría de la Cabalá”, Baal HaSulam explica de la siguiente manera: “No hay elemento en la realidad, o acontecimiento de la realidad en el mundo inferior, que no se encuentra su semejanza en el mundo superior a él, de forma idéntica como dos gotas de agua. Y se les llama ‘raiz y rama’. Esto significa que el elemento en el mundo inferior se considera una rama de su patrón, que se encuentra en el mundo superior, que es la raíz del elemento

[2] Para más información sobre este tema, véase “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, Baal HaSulam

Todos estos amigos que no se quieren unos a otros, se van de este mundo antes de llegar su tiempo. Todos los amigos en los días de Rabi Shimon Bar Yojai, tenían entre ellos amor de alma y espíritu. Y por esto, en su generación estuvieron al descubierto los ocultamientos de la Torá, y decía que todos los amigos que no se quieren entre sí, se evitan ellos mismos de ir por el camino derecho. Es más, que hacen daño a la Torá. Porque la Torá, hay en ella amor, hermandad y verdad.

Abraham amaba a Isaac, Isaac amaba a Abraham, los cuales se abrazaban entre ellos. Jacob, los dos estaban aferrados a él con amor y hermandad, y daban su espíritu el uno por el otro. Los amigos deben ser como ellos, y no hacerles daño. Y si faltara en ellos el amor, dañarían su valor Arriba, en Abraham, Isaac, Jacob, que son Jésed, Guevurá, Tiféret.

Zóhar para todos, Parashat Ki-Tisá (Cuando portas), punto 54

 

El Zóhar fue escrito por un grupo de cabalistas, y por ello puede ser comprendido sólo dentro del grupo. Para conectarse a lo que está oculto en él, debemos conectarnos a todas las demás personas que también lo anhelan. Juntos, constituimos un “grupo”.

Sólo la conexión entre nosotros nos permitirá abrir el libro, porque todo sobre lo que el libro nos habla se encuentra entre las almas. Si querremos unirnos, nuestros deseos se llamarán “almas”, y en la conexión entre ellas revelaremos al Creador, la Luz que nos conecta en conjunto.

 

He aquí que bueno y placentero es sentarnos los hermanos también juntos. Estos son los amigos, al estar sentados juntos, y no se separan uno del otro. Al principio pareciera como si fueran pendencieros, que quieren matarse unos a otros. Y luego, vuelven a estar en amor fraternal.

El Creador, ¿qué dice sobre ellos? He aquí que bueno y placentero es sentarnos los hermanos también juntos. La palabra “también” viene para incluir en ellos a la Shejiná (Divinidad). Y aun más, el mismo Creador escucha sus conversaciones, y recibe placer y se regocija en ellos.

Y ustedes, los amigos que están aquí, así como estuvieron en afición, en amor, anteriormente, también de ahora en adelante no se separarán, hasta que el Creador se regocije con ustedes, y traiga paz sobre ustedes, y encontrará gracias a su mérito habrá paz en el mundo. Éste es el significado de las palabras: “Por mis hermanos y amigos diré: haya paz en ti.”

Zóhar para todos, Ajarei Mot (después de la muerte [de Jacob]), puntos 65-66

 

Si no pensamos en la unión entre nosotros durante la lectura del Zóhar, perderemos lo principal. Pero un momento, hasta ahora hablamos sobre la necesidad de sentir las cosas en nuestro interior, y dentro de nuestros deseos buscar los detalles nombrados en el Zóhar, y ahora hablamos de la unión con los demás, una unión a un grupo que está fuera de nosotros.

El asunto es que tampoco el grupo se encuentra fuera de nosotros. Debemos recordar en cada momento que todo lo que sentimos como externo a nosotros, se encuentra en realidad en nuestro interior.

Tenemos que conectar el término “yo” con nuestro interior, con el término “prójimo” que está en nuestro interior. Nosotros no sentimos un “prójimo” que se encuentra fuera de nuestro cuerpo, sino que éste también está en nuestro interior, dentro de nuestros deseos. Así se dividen nuestros deseos – hay Kelim internos y Kelim externos, y sólo tenemos que corregir la conexión entre ellos.

Entonces, ¿quiénes son los demás en el grupo? Las primeras partes nuestras que uniremos nuevamente a nosotros.

 

En mi lecho por las noches pedí a quien ama mi alma. Kneset (asamblea) de Israel habló ante el Creador y cuestionó respecto al exilio, porque se encuentra entre el resto de las naciones con sus hijos, y está postrada en el polvo. Y por estar postrada en otra, impura, tierra dijo: “pedí en mi lecho”, por estar postrada en el exilio, y el exilio se llama “noches” De ahí que pedí a quien ama mi alma, que me saque de éste.

“Lo busqué pero no lo encontré”, ya que no acostumbra a copular en mí, solamente en su vestíbulo y no en el exilio. Lo llamé y no me contestó. Porque estaba entre otros pueblos y ellos no escuchan Su voz, fuera de Sus hijos, como está escrito: “¿ha escuchado algún pueblo la voz del Creador?”

“En mi lecho por las noches”, dijo Kneset Israel, la Divinidad. En mi lecho me enfade ante Él, pidiéndole que copule conmigo para deleitarme – de la línea izquierda – y bendecirme – por la línea derecha – con dicha completa – de la línea media. Cuando el Rey, ZA, copula con la asamblea de Israel, varios justos heredan la herencia de la sagrada legacía, Mojin superiores, y varias bendiciones se encuentran en el mundo.

Zóhar para todos, Ki Tazría (cuando la mujer insemina), puntos 1-3

 

Debemos traducir cada palabra del Zóhar en su significado interno-espiritual, y no entenderla en su forma material conocida. Si nos quedamos con el significado terrenal, estamos bajando la Torá del mundo superior a este mundo, y no para esto fue escrita. Con su ayuda debemos aspirar ascender de este mundo al mundo superior.

Si queremos llegar a ZA (Zeir Anpin) – al Creador, y estar en contacto con Él, debemos pasar a través del mecanismo que se llama “Maljut de Atzilut” o “Kneset (asamblea de) Israel” – a través de un conjunto de almas que están unidas Yashar-El (directo al Creador), es decir – en amor y entrega. No hay otra forma.

Si yo no me veo uniendo todas las almas rotas que hay en mí, y trayendo esta unión al Creador, en contacto y copulación con Él – entonces no hay “Yo”. Esta es una imagen mandatoria que debe estar frente a mi vista. Si no es así, no estoy sobre la pista para nada.

“Yo”, significa que me he transportado a través de ese mecanismo de unión entre las almas. Sólo así puedo abrirme al Libro del Zóhar. ¿Por qué? Porque la fuerza del Libro del Zóhar está designada para cumplir la unión entre todas estas partes mías, que ahora me parecen que no lo son.

Demostremos esto así: llega algo como un rayo fino de luz como un rayo de laser, y yo tengo que entrar precisamente por debajo de este rayo para que esto me influya. Si me moví tan sólo un milímetro a un costado de este punto de unión, no lo veo. Esto puede ocurrir solamente con la condición de que yo me conecte con los demás.

Estos tres hijos de Noé, son la persistencia del mundo entero… de ellos se dispersó toda la tierra, y provienen todas las almas de los humanos, porque ellos son el significado de los tres colores superiores en Biná, tres líneas…

Cuando el río, que se extiende y sale de Edén, Zeir Anpin, regó el jardín, la Nukva (femenina), y ésta fue regada con la fuerza de estas tres líneas superiores, de la Biná superior, y de allí se expandieron los colores, blanco, rojo y negro…

Y cuando veas el significado de los peldaños, descubrirás cómo se ex- panden los colores, en todas las direcciones – derecha, izquierda, centro, hasta que entran abajo a Maljut, como los 27 tubos de las puertas que cubren el abismo.

Zóhar para todos, Noé, puntos 302-303

 

Cuanto más podamos asemejarnos a la Luz, a su atributo de amor y entrega, así nos uniremos a él y descubriremos sus tubos de abundancia. De hecho, ahora también nos encontramos en el mundo de Ein-Sof, solo que éste se oculta de nosotros por medio de todos los mundos – ocultamientos – que existen en nuestro interior, dentro de nuestro deseo, por ser opuesto al atributo del mundo de Ein-Sof.

Las 27 letras, incluyendo las 5 letras finales (MaNTZePaCh) de Maljut, son veintisiete canales que traen a ella la abundancia, de las cuales se han hecho puertas para cubrir los Dinim en Maljut, denominados “abismos”.

Zóhar para todos, Noé, puntos 303

 

Nosotros mismos construimos estos tubos en nuestro interior, y las puertas que están sobre ellos. Una vez esas puertas abren el camino para la Luz y otra lo cierran, como válvulas que se abren y se cierran según la medida de nuestra semejanza a la Luz. Nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a una sola meta – equivaler todos nuestros atributos a los de la espiritualidad, y recibir en ellos Luz.

En la medida en la que apocamos el deseo de recibir con la intención de recibir que tenemos (el egoísmo), y lo convertimos en semejante a la Luz (recibir con la intención de dar), estamos descubriendo en nuestro interior el atributo del Creador y el plan de la Creación. Dentro del Libro del Zóhar hay una parte especial llamada “Safra de Zniuta” (Libro de la humildad) que habla sobre esto, y por eso se dice: “Más con los humildes está la sabiduría”(Proverbios, 11:2).

 

“Mejor es el que es innoble y tiene un siervo, que el que juega el hombre de rango y carece de pan”. Esto versa la inclinación al mal ya que siempre se queja de las personas. Y la inclinación al mal eleva el corazón y el deseo del hombre con orgullo. Y el hombre lo sigue, encrespa su pelo y su cabeza, hasta que la inclinación al mal se enorgullece sobre él y lo empuja al infierno.

Zóhar para todos, VaYishlach [Jacob mandó], punto 16

 

¿Debemos también nosotros sentir el estado de infierno? ¿Y de dónde saben esto los cabalistas? Ellos lo han pasado. Es imposible que una persona descubra algo si no es por experiencia propia. Entonces, ¿debemos todos estar en el infierno? Resulta que sí…

Siempre debemos primeramente entrar dentro de la tendencia al mal, hundirnos en ella, y sólo entonces descubrimos qué es esta tendencia en realidad. En principio no entendemos que es algo malo, ya que si lo entendiéramos no entraríamos en él. En principio nos parece atractivo, llamativo, brillante, bueno y maravilloso. Así nos engaña el egoísmo.

El Zóhar habla aquí del hombre que averigua las distintas partes dentro de su alma. Él debe complicarse, y desde esta complicación descender al estado de infierno. Este estado existe en cada escalón, y de esto se dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”(Eclesiastes, 7:20). Sólo cuando el hombre se encuentra en este estado, puede averiguar el mal que se oculta en él, y así descubre cuánto pierde como resultado del mal que hay en él, cuan incapaz es de hacer algo consigo mismo sin la ayuda del Creador.

Es conveniente recordar que todo lo que fue escrito por los cabalistas está basado en su alcance interior, porque “lo que no alcancemos, no podremos darle nombre y palabra”[1]. Los autores del Zóhar pasaron todos estos estados ellos mismos. Esperemos que también nosotros alcancemos estos estados, ya que son parte del camino a la revelación de la verdad.

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Nota

[1] Baal HaSulam, “La esencia de la sabiduría de la Cabalá”